Una pareja de Ponferrada defiende un nuevo modelo de vida desde el pueblo al que se mudaron tras irse al paro
22 jul 2012 . Actualizado a las 06:00 h.La historia de Verónica y Sergio no es muy distinta de la de muchas parejas jóvenes de este país. Vivían en Ponferrada, una ciudad mediana que había crecido con la construcción y los servicios, además del sector minero. Tenían un piso de alquiler con derecho a compra, un niño de seis años, Iker, y querían ir a por el segundo. Pero todos los proyectos se vinieron abajo cuando, en apenas un mes, ambos recibieron una carta de despido de sus respectivos trabajos y con varias nóminas sin cobrar. A partir de ese momento y a pesar de recibir la prestación por desempleo, sabían que cada día que pasasen en el piso, por el que pagaban 800 euros mensuales, era enterrar un poco de su futuro. Así que hicieron las maletas y cambiaron la capital del Bierzo por Pardollán, una aldea del municipio de Rubiá. A partir de aquí, su historia ya no se parece tanto a la del resto.
La idea fue de Verónica, que pasó en esta aldea muchos de los veranos de su infancia. A Sergio, que nunca había vivido en un pueblo, la idea le asustaba, pero un año después está encantado. «En realidad el que mejor está es Iker -explica Verónica-, es el rey del pueblo, es una infancia muy diferente a la de la ciudad». Sergio cuenta cómo al principio le hacía volver a casa cada veinte minutos «por si le pasaba algo», pero se dio cuenta de que aquí el mayor peligro era para las huertas sobre las que caían sus balonazos.
Vida en la calle
En Pardollán pagan un alquiler de poco más de cien euros y aunque la casa es pequeña, reconocen que se está mucho en la calle y en el local de la asociación de vecinos, donde entre los de todos los días y los del fin de semana, se juntan unas veinte personas. «En Ponferrada no conocíamos ni a los del rellano, aquí nos ayudamos y es una convivencia diferente», dice la pareja. Esa tranquilidad les animó a tener a Lúa, que ya nació entre montañas.
Pasado el primer invierno, esta familia ya no se imagina en otro lugar: «Ponferrada está a veinte minutos, si me sale trabajo iré todos los días, tengo amigos en Madrid que viajan hora y media y no viven sin tráfico y rodeados de árboles», cuenta Sergio. Porque para ellos Pardollán no fue un refugio de la crisis sino la búsqueda de una segunda oportunidad y la apuesta de momento les ha salido bien. Hace unas semanas, Verónica empezó a trabajar en un comercio de O Barco de Valdeorras. También se han comprado un terreno y van a construirse su propia casa, «poco a poco y sin hipotecas, para que nadie te la pueda quitar», explican. Y como todo parece perfecto es inevitable preguntar por las pegas. «Echamos de menos más gente de nuestra edad, otras parejas con niños», explica Verónica. A lo mejor otros que, como ellos, crean que la solución a la crisis pasa por el rural.
No todo son ventajas: echan de menos gente joven con niños pequeños
En Rubiá pagan ocho veces menos por el alquiler de lo que abonaban en la ciudad