La gran manifestación del jueves, el bombardeo amigo desde Madrid y el delicado caso de Tarrío le complican la vida a Fole
22 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.El gobierno local de Vilagarcía es, de los once que funcionan en el territorio de Arousa, el que más barato resulta a sus administrados. Sostenerlo le cuesta a cada vecino 3,2 euros, bastante menos que Cambados (5,1), Ribadumia (8,1), A Illa (8,9), O Grove (9,4), Vilanova (10) o Pontecesures, que se dispara hasta los 17,3 euros por cabeza. Pero esto no le salvará del bombardeo amigo que llega desde Madrid bajo la apariencia de reformas y recortes que, a falta de que el PP desvele la arquitectura a la que obedecen y qué modelo de Estado pretende realmente Rajoy, no dejan de plantear dificultades crecientes a quienes gestionan la vida municipal.
A este paso, el regidor, Tomás Fole, no solo tendrá que cuestionarse la continuidad de los dos asesores que mantiene el aparato de Ravella. Deberá abordar, además, tijeretazos sustanciales en su salario y en el de sus dos compañeras liberadas, a riesgo de quedarse sin un duro para las compensaciones de los concejales que acuden a plenos y comisiones. Se está debilitando a machetazos la estructura municipal. Y al margen de ciertas medidas que sí pueden tener sentido, nadie es capaz de pronosticar todavía adónde nos lleva esta suerte de liquidación. Lo cierto es que los palos son para los alcaldes, porque Madrid está muy lejos y los ministros no se cruzan cada día con sus vecinos.
De puertas afuera las cosas van incluso peor, como demuestra la gran capacidad de convocatoria que las principales centrales sindicales volcaron el jueves en la calle. Que el descontento no tenga todavía su reflejo en intención de voto no quiere decir que no exista, y una vez más son las distancias cortas las que pasan factura. Desgaste, en definitiva, para el alcalde, cuyo partido maneja las riendas.
Para complicarlo todo, la revuelta contenida de Manuel Tarrío. Quien conozca al patrón mayor sabrá que la cosa difícilmente pasará de una protesta ante la racanería en las fiestas de Vilaxoán. Pero el precio de la mayoría que Ivil otorgó al PP ya está claro. Al desplazar a Tarrío por Cholo Dorgambide, Fole rompió algo muy sutil: el frágil equilibrio que convierte la simple lealtad en amistad.
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