El templo del marisco cumple diez años

Carlos Crespo, José Luis Vilanova

FIRMAS

Hoy, 21 de julio, se cumplen exactamente diez años desde que José Luis Padín abrió las puertas de A Solaina. No lo sabíamos cuando esta semana decidimos visitarlo. Pero celebramos el evento. Vaya que sí. Como solamente un excepcional anfitrión como José Luis te posibilita hacerlo. Vaya por delante nuestra felicitación y nuestro agradecimiento.

Felicitación que, a buen seguro, compartirá todo aquel que alguna vez en estos diez años haya atravesado el umbral de este auténtico templo del marisco. En A Solaina se rinde verdadero culto a los productos del mar. Culto que se escenifica ya de entrada en el soberbio bodegón de pescados que recibe al comensal y en el siempre repleto acuario con piezas de inverosímil calibre.

A Solaina es heredero y, a la vez, evolución de la afamada marisquería Solaina que José Luis y su esposa, Betty Castro, abrieron, a escasos metros, veinte años atrás. De hecho, Betty sigue ejerciendo su maestría en la cocina de la casa matriz.

En A Solaina, ese territorio es responsabilidad de Gabriel Bea, Gabi. «Aquí tenemos un cocinero, no un mañoso», nos los presentan. Curtido en mil fogones Gabi representa el equilibrio perfecto entre tradición y discreta innovación que define al restaurante. Y cuando eso ocurre, surge el milagro.

A las mesas de A Solaina se asoma exclusivamente marisco de las rías y pescado fresco y de mar. «¿Qué necesidad hay aquí de comprar productos de piscifactoría? Llegan los barcos con pescado y marisco todos los días», nos increpa José Luis.

Leer la carta de A Solaina es como darse un paseo por el país de las tentaciones. Amén de la indescriptible retahíla de mariscos cocidos o a la plancha, ya desde los entrantes, el cliente es seducido con propuestas como la ensalada de zamburiñas sobre cama de verduritas y salsa de erizo o los exquisitos lomos de sardina ahumados de elaboración casera. Pero también hay caldo gallego o croquetas de camarón.

Tras recrearnos en el apartado de pescados -mero, sargo, sanmartiño... ¡quién sabe qué elegir!- cuesta reiniciar el trayecto a través, ahora, de los guisos y arroces. Aquí tiene A Solaina su segundo gran puntal. Las caldeiradas o los guisos de peces de roca -en función de lo que ese día provean los barcos- resultan sencillamente memorables.

Pero cuando uno cree haber alcanzado el cénit aún le aguardan, irresistibles, unas sublimes cocochas de merluza en un delicadísimo pil pil o una más que tentadora caldereta de bogavante con habas y patatas.

La sutileza en las elaboraciones unido a la utilización, incluso en las verduras, de producto supremo eleva a la cocina tradicional marinera de A Solaina a cotas que pocos restaurantes gallegos, entre ellos algunos que suenan más, desde luego no alcanzan.

No deberá el comensal que acuda a A Solaina descuidar el reservarse para un último placer, el postre. La oferta, desde luego, no le dejará indiferente. Desde la desgraciadamente tan poco frecuente leche frita a las torrijas de crema, la brocheta de frutas con chocolate u otros más refrescantes como la tarta de mango o el sorbete de fruta de la pasión.

En el apartado de vinos, José Luis Padín reconoce, entre sonrisas, haber perdido el control. Más de 60 marcas de albariño, cerca de un centenar de riojas, 40 bodegas de Ribera del Duero, godellos, alentejos, oportos... y una docena de referencias de champagne, una de las debilidades compartidas con el propietario de la casa.

Estos diez años le han bastado a A Solaina para convertirse ya en un clásico. Y en un tesoro. Custodiado con honor y honradez por un vigía fantástico.

FICHA

LOCALIZACIÓN

Peralto B, 8. O Grove. Tlfno.: 986 733 404

DÍA DE CIERRE

Miércoles (excepto de julio a octubre)

MENÚ PARA DOS

Surtido de apertivos de la casa; bogavante Bellavista; lomos de rodaballo salvaje en salsa verde con espárragos trigueros y huevo de codorniz; tarta de mango con gelatina de albariño. Precio por persona: 54 euros (bodega aparte).

EN CLAVE PERSONAL

¿Qué pide cuando sale a comer fuera?

«La cocina típica de cada lugar. Una merina si voy a Salamanca, una churra si voy a Palencia, unas patatas a la riojana... Me gusta la diversidad y, evidentemente, no despisto lo que yo vendo para saber cómo está el mercado en cada sitio».

¿Qué es lo mejor que le ha dado el restaurante»

«La posibilidad de ir haciendo mi vida con modestia, de dar estudios a mis hijas y de mantener a mis amigos de siempre».