Nuestros políticos tienen una doble habilidad: Hacerlo todo mal y escoger para ello el peor momento. Valga como ejemplo el asfaltado de los viales a las playas, ordenado por la Consellería de Medio Ambiente e Infraestruturas cuando comienza en la ciudad el auténtico verano.
La consecuencia han sido atascos kilométricos en plena temporada turística. Y una experiencia traumática para los vigueses que se quedaron atrapados en un Vitrasa, bajo un sol de justicia y sintiendo esa humanidad de sauna turca que solo puede vivirse en la mítica línea 15, Cabral-Samil. La estampa de aquellos tipos asfixiándose tras los cristales recordaba escenas de La lista de Schindler.
Preguntado el conselleiro Agustín Hernández por tan brillantísima elección del momento, reaccionó culpando a la Alcaldía. Es el lema político del momento: «Yo no fui, que fue pirulí».
Ayer supimos también que una naviera de la ría sigue esperando por la Xunta para que le responda si puede hacer rutas nocturnas este verano. Presentaron la solicitud hace dos meses, se han perdido media temporada y, con suerte, tendrán respuesta en noviembre. Como no hay trabajo, en las consellerías de la Xunta dan ejemplo: ellos tampoco trabajan.
Del Concello podríamos decir otro tanto. Hace unos años, concedieron los chiringuitos de playas en octubre. Y, el pasado 1 de julio, recortaron los horarios de los museos y de la citania de O Castro para ahorrar. Así los turistas, que tienen la manía de desplazarse en verano, se encuentran todo cerrado.
Nuestros gestores públicos son únicos. Solo ellos logran el milagro de unificar dos leyes fundamentales: El principio de Peter y la Ley de Murphy. Han alcanzado el mayor grado de incompetencia y, además, la ejercen en el peor momento posible.
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