Nada de chovinismo


Nada de chovinismo, nada de lo que nos podía pasar como al otro de la historia, que al recibir una llamada en su puerta de madrugada resulta que era el lechero, y no una visita más desagradable.

Aquí no, aquí le pueden decir «Abel llama a su puerta», que no Avon, aunque también él maquille. ¡Y cómo se le da a nuestro respetado alcalde -porque lo es de todos, aunque todos no seamos de él- esa cosmética que descafeina las cosas, que las cambia.

Si no quieres ser chovinista tienes que comportarte como el señor que protagonizaba una de mis entregas de la Memoria de Vigo -que publica La Voz los viernes-, el que fue importante conservero Fernando de Haz, que fue el primero en la historia de la Federación de Tenis de Galicia que nombró un vicepresidente de A Coruña, que gallegos todos somos todos, incluso casi los asturianos, que son primos hermanos.

Por el contrario, si te empeñas en rezumar chovisnismo, toma por ejemplo al Caballero de la fusión de las cajas, que resulta que iba a dimitir si pasaba lo que pasó y ahí sigue. Lo que defendía el primer regidor no era, por ejemplo, a las víctimas de las preferentes, sino que se mantuviera el cortijo de Julio Fernández Gayoso, hasta donde ahora se sabe, que la justicia y la transparencia se encargarán de confirmar o negar las hipótesis.

De no querer ser chovinista, tienes que querer al Real Club Celta por encima de todo, pero no por ello pintar las paredes con insultos a los que algunos aún llaman turcos. Además de ser sucios están desfasados, más allá del hecho de que ser turco -dicho sea con todos los respetos- no es de envidiar por múltiples razones.

Y además hay que no ser chovinista pero no tonto, o sea, no pasar porque otros te insulten.

Ojo cuando Don Abel, como Avon, llame a su puerta.

gegonma@gmail.com

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