Talar como norma y sin justificación

ANTÓN LOIS VIGO / LA VOZ

FIRMAS

El Concello incumple su propia ordenanza y desde luego no se multa

14 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El caballo de Atila galopa por la ciudad y deja tras su paso un rastro de humanizaciones. Si buscamos en el diccionario el término humanizar vemos que se define como hacer humano, familiar y afable a alguien o algo. Muy poco de afable tiene el acto de cortar árboles. Cuando se buscan muchas justificaciones diferentes para algo, especialmente ante una política de hechos consumados, puede ser que en el fondo sencillamente no exista justificación.

Muchas excusas distintas se argumentaron en los últimos años para justificar las talas: el levantamiento de aceras, la rotura de canalizaciones, las molestias a los vecinos, las alergias, enfermedades, edad, coste de las podas. Lamentablemente, revisando los casos concretos encontramos que se cortan árboles con aceptable salud, como en Martínez Garrido; que no provocan molestia alguna al vecindario, como en Marques de Alcedo; que no levantan tuberías ni aceras, como en la calle México; que no provocan alergias, como los famosos chopos de Castelao; ejemplares únicos, como en Pintor Colmeiro, y así podríamos seguir.

La norma general es que la tala del arbolado parece ser la primera medida en cada proceso de humanización y así lo demuestran los casos conocidos. Sencillamente se cortan los árboles porque si, y la explicación, en los pocos casos en que se aporta alguna, se produce a posteriori si alguien protesta. Si dicha explicación no es veraz o convincente, al cadáver del árbol ya le sirve de poco consuelo.

En el año 1994 el Concello publica la ordenanza municipal de protección del medio ambiente. En ella se dice que las nuevas zonas verdes mantendrán aquellos elementos naturales, como la vegetación original existente que, incluso, puede condicionar el diseño de las futuras actuaciones. Esa misma norma recuerda que cualquier obra en las calles debe realizarse de forma y en los lugares que implique el menor daño a los árboles existentes.

Multas de chiste

En definitiva se prioriza siempre la conservación del arbolado urbano y solo excepcionalmente se contempla, de no existir otra posibilidad, el traslado de los árboles para ser replantados con garantías de supervivencia. La tala es la última opción.

En cualquier caso la cuantía de las sanciones tampoco sirven de mucho consuelo. En la circunstancia poco probable de que el Concello decidiera imponerse una multa ejemplar a si mismo por incumplir sus propias normas la cuantía máxima a pagar, por una infracción muy grave, sería de? 90 euros.

Nos llama poderosamente la atención el clamoroso silencio, salvo muy contadas excepciones, de las entidades vecinales en muchas zonas afectadas. Tristemente los árboles urbanos no firman convenios ni tienen adscripción a ningún partido, y así les va.

Pero no olvidemos que defender los árboles no es solamente una obligación moral sino un mandato constitucional. El artículo 45 de la Constitución nos lo reclama al recordarnos que, además de nuestro derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado, tenemos también el deber de conservarlo.

La defensa del arbolado urbano en Vigo no es solamente, aunque también, una cuestión estética no exenta de cierto romanticismo, sino una defensa de la salud pública. Vivimos en una ciudad que sobrepasará este año los niveles de contaminación atmosférica considerados peligrosos para la salud por la OMS. Son precisamente esos árboles nuestros mejores aliados para combatir esa contaminación. Por lo tanto cortar un árbol en Vigo debería considerarse un atentado, también, contra la salud.