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Otra temporada está llegando a su fin. Las nuestras son como las escolares -a las alemanas me refiero- que van de septiembre a bien entrado julio. Quizás la más triste y sombría desde que se ha iniciado esta sección. Aunque también ha tenido sus alegrías, la primera que una siga aquí, dando la murga, con salud para ello. Vivir la celebración del 25 aniversario de La Voz del Barbanza. O que la semana pasada haya conocido a mi vecino del primero, señor Olariaga, caballero de pluma en ristre y verbo ajustado. Una charla breve e interesante en la que no abordamos el asunto de lindes. Como una es dama, y recatada, espero su invitación para hacerlo en la notaría de Baco.

Por lo demás vamos a peor. Allá por septiembre intentaban hacernos creer que un cambio de gobierno sería el bálsamo de Fierabrás. Pocos meses fueron necesarios para desmontar tamaño embuste. Del oro y el moro queda un presidente escondido detrás de una encantadora de serpientes y un recaudador con fasquía de trilero, malas pulgas y oscuro pasado.

España se está convirtiendo en un campo yermo, estéril; sobrevolado por aves de rapiña y hurgado por los carroñeros. No hay líder que los espante ni se le espera. Con una clase política tan denostada como inútil, que muestra impúdica sus vergüenzas. Solo queda el esqueleto de un sistema putrefacto, carcomido de dentro a fuera; y viceversa. Con todas sus instituciones tocadas. Demostrado queda que el dinero, si se le deja actuar sin límites y en la oscuridad, todo lo subyuga y manipula; incluida la soberanía popular.

Nuestro ámbito más próximo no es ajeno a esta situación general. Caciquismo, componendas y despilfarros se suceden. Lo peor es que ya ni sorprenden ni provocan rechazo consistente. La actividad política está llena de arribistas y demagogos. De personajes lenguaraces, aprovechados de variado pelaje y poco sentido común. Muy poco. Indirectamente proporcional a sus salarios. Profesionales del ombligo propio que se revuelven agresivos ante la menor crítica. Es lo que hay. Y crean que me gustaría destacar algún brote verde, algún soplo de aire fresco en medio de este tórrido infierno.

Los gobiernos municipales están desbordados y las oposiciones desaparecidas. En Rianxo no se imprime movimiento y en A Pobra parece que todo se agota en el populismo. Mientras, en Noia, se resienten por el revanchismo de todos y las formas de algunos. En Ribeira siguen eternizándose las respuestas y en Boiro, después de la fiesta de los últimos años, hay resacón. En Porto do Son se desinflan las expectativas creadas y en Outes se tira de réditos para capear el temporal. Por Muros y Lousame con o sin crisis no hay muchas novedades: en uno la gresca eterna y el otro casi desaparecido.

Un piso más arriba, lamentar que con la que cae no se haya profundizado en la mancomunidad. Más allá de los discursos y poses parece que no hay creencia en el proyecto. Tampoco la indispensable generosidad de las partes implicadas. Poco se ha avanzado desde los cartelitos, vinos españoles y saraos. El localismo interesado obstruye el desarrollo de un ente tan necesario para esta comarca. Los tímidos intentos de mancomunar servicios se quedan en eso. Y continúa sin redactarse un proyecto de futuro, serio, con calendario.

Pero con todo quedan motivos para la esperanza. Ha sido una temporada en la que los amigos y la familia siguieron ahí. Lo más lejos a mi lado, que canta Fito. Una más saboreada y disfrutada, porque las sombras no me impidieron ver el sol.

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