El sector rechaza medidas de conservación y, de seguir así, en el 2040 el 80 % de las especies llegarán al colapso
07 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.De donde no hay no se puede sacar. Parece una perogrullada pero sobre este castillo de naipes se está discutiendo el futuro de la política pesquera común de la Unión Europea. El escenario de fondo es contundente: en el año 2040 el 80% de todas las especies comerciales llegarán al colapso, es decir, el mar ya será incapaz de regenerar la cantidad de biomasa que le extraemos. Es la conclusión de los informes científicos que hoy están sobre la mesa de negociación.
Frente a ese dato demoledor, lejos de proponer un cambio de rumbo radical, el sector pesquero gallego defiende que el impacto socioeconómico tenga tanto peso como los informes científicos a la hora de plantear limitaciones al esfuerzo pesquero. De la misma forma el sector intenta que las pocas medidas de conservación de los recursos que se intentan aplicar para el año 2015 sean paralizadas durante cinco años más.
La realidad por un lado y el sector pesquero a la deriva por el otro. No estaría de más definir lo que entendemos por el sector pues se trata de un conglomerado heterogéneo y con intereses no siempre coincidentes. En ese sector está la mariscadora a pie de Vilaboa y la transnacional Mitsubishi, los grandes buques factoría de altura y la gamela de Coruxo, los arrastreros de profundidad y el percebeiro de Baiona. Pero en medio de estos extremos también hay grandes diferencias entre la llamada flota artesanal (80% del total) que abarca desde la dorna meca de O Grove de 2 metros de eslora que pesca en línea de costa hasta un buque de 30 metros que faena en los bancos del gran Sol. Por lo tanto ¿quién es el sector? ¿Quién defiende una pesca sostenible?
Los inspectores, lejos
Vigo, como principal puerto pesquero en fresco, congelado y procesado de Europa es un buen ejemplo de este mal rumbo general. Presumimos de contar en nuestra ciudad con la agencia europea de control de pesca, pero no decimos que los inspectores pesqueros de la unión siguen en Bruselas. Nos gusta tener aquí las oficinas, pero bloqueamos la entrada de los incómodos inspectores. Decir que en Vigo se inspecciona la pesca, teniendo en cuenta que a cada inspector le correspondería verificar unas 200.000 toneladas anuales es sencillamente una ficción. Entre otras cosas muchas descargas se realizan cuando los inspectores terminaron su jornada laboral.
En nuestro puerto podemos contemplar la cotidiana llegada y atraque de barcos incluidos en las listas negras por pesca ilegal reiterada, barcos que siguen recibiendo subvenciones públicas a pesar de los casos demostrados de ilegalidad. En cuanto a la pesca artesanal, la pesca con dinamita, el furtivismo generalizado, la comercialización no regulada y con tallas ilegales y la sistemática vulneración de las vedas es un espectáculo cotidiano en nuestra costa.
La propia flota reconoce que en los últimos años capturaron cinco veces más merluza ibérica que su cuota asignada, y se duplicaron las cuotas de caballa y jurel. Por eso, no por manía, se penaliza a la flota gallega y viguesa que sufrirá en su conjunto las consecuencias del fraude de una parte del sector.
En 1921 Ernest Hemingway escribe una artículo para el Toronto Star en el que cuenta su escala en Vigo. Fueron unas horas pero una imagen le queda grabada para siempre, el espectáculo de cómo las aguas de la ría hervían de atunes cuando eran cercados por los pescadores. En apenas unas décadas tenemos que salir a buscar los últimos atunes a miles de kilómetros, en otro continente y con escolta militar.
Hemingway vio en 1921 como en la ría de Vigo se pescaban atunes. Han desaparecido