Olor a libro

FIRMAS

Hoy vuelve a la catedral el Códice Calixtino que, según afirma el deán, está «perfectísimamente bien». ¡Y tanto! A lo largo de un año, ha sido magníficamente conservado en un trastero, envuelto en unos plásticos, bajo unas bolsas de cemento y unos ladrillos. Unas condiciones que no difieren demasiado de las habituales: en la caja fuerte de una cripta, sobre un cojín, cubierto por un tapete.

Nada de termohigrógrafos, higrómetros de cabello ni dataloggers. Para manipularlo, no se usaban guantes, como hemos visto en todas las imágenes de archivo o en las del miércoles, cuando lo hojeó el arzobispo Julián Barrio, una vez se lo entregó la policía. Y, al parecer, aún mantenía «los papelitos» con que el deán marcaba las páginas principales.

Es una gran alegría que se haya recuperado el códice. Pero se echa en falta alguna dosis de mea culpa. De una parte, en cuestiones de seguridad, porque ahora sabemos que el electricista tenía en su garaje otros libros históricos, además de monedas, joyas e imágenes, sustraídas también de la catedral, sin que nadie se percatase durante años. Pero también porque, en materia de conservación, la cosa muy profesional no parece. Así que habrá que ponerse manos a la obra desde hoy mismo.

La parte positiva del caso ha sido la promoción del propio códice y del Camino. Hay que aprovechar el tirón y exponerlo, con todos los honores. Y no solo por su valor histórico, sino como libro mismo, en un tiempo en que el e-book y las tabletas amenazan con jubilar al papel. La empresa Nero Talev vende en Internet unos aerosoles llamados In the library, para rociar el iPad y que tenga olor a libro.

Antes de que nos volvamos todos locos, es el momento de proteger, conservar y reivindicar el viejo Calixtino.

A lo largo de un año ha sido bien conservado en un trastero

eduardorolland@hotmail.com