El meco que se ganó al Tigre Celta

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Se fue a Dublín para pasar tres meses y ya lleva año y medio allí. La isla verde le ha dado la oportunidad de demostrar su valía profesional

19 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Se acuerdan de los JASP? Ya saben, aquellos «jóvenes aunque sobradamente preparados» que a mediados de los noventa soñaban con comerse el mundo. Por edad, Gonzalo Iglesias Aguiño no pertenece a aquella hornada: él llegó unos años después. Pero si se atiende a su currículo, es fácil comprobar que a este grovense de 31 años le sobra la preparación cuando aún no lo ha abandonado la juventud. Se ha formado en la Universidad, se ha especializado en el extranjero, ha hecho cursos y másters y habla perfectamente en inglés, aunque sospecha que lo hace con ese acento de O Grove que es tan malo de quitar. Pero ni con un currículo ejemplar logró abrirse camino en España. Así que, hace año y medio, cuando se le acabó un nuevo contrato y se vio condenado al paro, se lio la manta a la cabeza, llenó las maletas y se subió en un avión rumbo a Dublín. Pensaba pasar allí tres meses, ya han pasado 18 y lo cierto es que no tiene pensado, de momento, regresar.

Y si eso es así, es por culpa del Tigre Celta, que vuelve a rugir. Con la crisis, el milagro económico irlandés pareció irse abajo. Las inversiones que aquel país había realizado en investigación, desarrollo y tecnología parecían haber sido un bluf aún más grande que el del ladrillo. Sin embargo, tras el resbalón inicial, en Irlanda comienzan a verse esos brotes verdes que aquí solo florecen en el discurso del político de turno. «En Galicia, y en España en general, no puedes demostrar si vales o no vales. Ya no tienes ni siquiera la oportunidad. Aquí, por lo menos, sí tienes esa oportunidad», cuenta el joven meco.

Asegura Gonzalo que en su caso tuvo, también, suerte. Al llegar a Dublín, «la ciudad más importante de Europa en lo que a empresas informáticas y de comunicaciones se refiere», empezó a trabajar en el «reporte técnico de la X-Box». Apenas estuvo unos meses en un puesto que no acababa de convencerlo. «Y luego me surgió esto». Esto es un nuevo empleo, en una empresa del campo de las telecomunicaciones. Empezó hace trece meses en ella, y ya ha logrado un ascenso. Ahora está al frente de un equipo de 15 personas y supervisa proyectos por todo el mundo.

«Trabajo mucho», reconoce Gonzalo. Pero lo hace a gusto, porque «esto es un reto, una gran oportunidad» que le permite empezar la jornada «hablando con alguien de Filipinas y acabar por la noche con Colombia». Y las conexiones no son solo telefónicas. «Cada tres meses viajo. Ya he estado en Dubái, en varios países de Sudamérica, y varias veces en Madrid». O Grove, en cambio, no lo pisa desde Navidad.

Pero es lo que hay: de momento toca trabajar y disfrutar del trabajo en una ciudad «en la que hay mucha gente joven, de cualquier rincón del mundo». En Dublín ha tejido ya Gonzalo una red de amigos en la que abundan los españoles. «Cada día somos más. Y es bueno, porque es importante saber que la gente se mueve y no se resigna. Pero también es muy mala noticia».