Microfauna de primavera en el valle de Lemos

carlos rueda / francisco albo MONFORTE / LA VOZ

FIRMAS

CARLOS RUEDA

El entorno del Cabe alberga una gran diversidad de insectos y arácnidos

17 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras la sequía invernal y los abundantes chubascos de abril, la fauna experimenta en el valle de Lemos el tradicional renacimiento primaveral. Las imágenes situadas junto a estas líneas, tomadas en los pasados días en diversas zonas del entorno del Cabe, reflejan una mínima porción de las numerosas especies de insectos y arácnidos que forman una parte fundamental de la biodiversidad de la zona y que a menudo pasan desapercibidas.

Mantis palo. Esta llamativa especie (Empusa pennata) del orden de los mantodeos está presente en la Península Ibérica y Francia. Es típica de zonas mediterráneas, pero también vive en el sur de Galicia. Se alimenta de pequeñas presas, principalmente de moscas.

Araña cangrejo. Las arañas de la especie Thomisus onustus, como otras del mismo género, no tejen redes para atrapar sus presas. Las cazan al acecho, camuflándose en las flores y adoptando su coloración. Las hay de color rosado, amarillo y otras tonalidades. Sus presas son todo tipo de insectos que visitan las flores, como mariposas, escarabajos, abejas o avispas.

Mariposa limonera (oruga). Las mariposas de la especie Gonepteryx rhamni viven en una vasta área geográfica que abarca desde el sur de Escandinavia hasta África. En la Península están presentes sobre todo en la zona norte. Se distinguen por sus alas amarillas o blanco verdoso.

Sus orugas, de color verde, completan el crecimiento en un mes.

Insecto palo. Los insectos del género Leptynia están representados en la Península por seis especies, difíciles de diferenciar unas de otras. Aunque son abundantes, no es fácil ver estos maestros del camuflaje.

Mariposa aurora o musgosa. La Antocharis cardaminis puede verse entre marzo y junio en los bosques de ribera y los prados con flores. Se desplaza a gran velocidad y es raro verla posada, por lo que no resulta fácil distinguir el curioso dibujo verdoso del reverso de sus alas, al que debe su nombre. El anverso es blanco y anaranjado.