En las alas de la Armada

FIRMAS

Las distancias se hacen cortas al sobrevolar la ría de Pontevedra a 150 metros de altura y a más de 200 kilómetros por hora en un helicóptero de la Armada

17 may 2012 . Actualizado a las 10:53 h.

«Las rías son maravillosas para volar». El teniente de navío -«el equivalente a capitán de otros ejércitos»- Jesús Escudero Campillo es uno de los pilotos que están supervisando la formación aeronaval de los futuros oficiales de la Armada.

La cita es en la Escuela Naval de Marín. En sus instalaciones descansan tres H-500 monoturbina. Primera noticia. Esta misma mañana de miércoles, en Rota (Cádiz), un helicóptero similar acababa de sufrir «un percance. Se han comido un pájaro». Eso sí, «no les ha pasado nada. Cristal roto y el susto que te llevas».

Este tipo de situaciones explican que pilotos y copilotos lleven, durante los vuelos, el casco con el visor bajado. Uno de los aspectos que más llama la atención del neófito es que, a diferencia de lo que ocurre con un turismo, el copiloto se sienta a la izquierda del piloto.

Los rotores comienzan a girar. Jesús Escudero apunta con retranca que, en caso de que falle la turbina, habrá que encomendarse al Altísimo. Eso sí, el H-500 dispone de flotadores en sus patines de aterrizaje que podrían servirle para navegar por la ría. No es broma.

Y despega. Tras dejar atrás el puerto de Marín, el helicóptero sobrevuela el complejo industrial de Ence. Es una de las rutas que están realizando los guardiamarinas de la Escuela Naval: ««Estamos aquí para que ellos disfruten, pero lo cierto es que siempre hay alguno que se marea. Llevamos unas bolsas de plástico. Les decimos que las cojan antes de que sea demasiado tarde, pero ya nos ha pasado alguna vez tener que recoger trozos de naranjas», ironiza.

El H-500 se adentra en Pontevedra. Desde 150 metros de altura, los jugadores del conjunto granate, que estos días se entrenan para jugar la fase de ascenso a Segunda B, se ven como hormigas. Es un tópico, pero se cumple.

En cuestión de minutos, el helicóptero alcanza el extremo opuesto de la ría. Es lo que tiene viajar a cerca de doscientos kilómetros por hora. Portonovo, Sanxenxo, Raxó... Una por una, estas localidades van quedando atrás.

De nuevo en la Escuela Naval, apenas se toma un respiro. Un par de alumnos del centro educativo toman el relevo enfundándose el chaleco y el casco. Ocupan sus asientos y empieza un nuevo vuelo. The Show Must Go On (El espectáculo debe continuar).

EN La ría de Pontevedra UN Miércoles DE 11.15 a 12.15 horas