Busca convertirse en una rada de redistribución de esta mercancía
15 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.La Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao está dando los pasos necesarios para diversificar todavía más sus tráficos. En esta ocasión, es el mercado de los cereales de importación el que está centrando parte de los esfuerzos del equipo directivo del organismo a la hora de captar nuevos clientes.
En la jornada de ayer, la compañía local Pérez Torres descargaba en el muelle interior un buque procedente de Francia con alrededor de 3.000 toneladas de harina de soja. Siempre según las mismas fuentes oficiales del Puerto, en breve llegarán otros dos barcos más con mercancía similar en sus bodegas.
Pero el objetivo es más ambicioso. La meta es conseguir que cereales y otros productos agroalimentarios de similares características se conviertan en un tráfico realmente importante para el negocio marítimo local.
En la actualidad, las habilitaciones de la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao para la descarga de este tipo de mercancías son muy limitadas. Por poner un ejemplo, si la procedencia de la carga es de países de fuera de Europa, en los muelles locales no hay todavía los permisos necesarios para poder operar con ella directamente. Solo si la mercancía llega desde otra rada del viejo continente o de España donde se pueda inspeccionar previamente hay luz verde para su descarga en Ferrol.
Así, es habitual que embarcaciones de alrededor de 60.000 toneladas procedentes, por ejemplo, de Sudamérica, lleguen a una rada de Europa donde se autorice su descarga y, de ahí, se distribuya en mercantes más pequeños a otros puntos ya con esa luz verde previa. Y eso es, precisamente, lo que persigue la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao.
Las gestiones
Desde el organismo local se están realizando desde hace ya tiempo las gestiones necesarias ante el Ministerio de Sanidad para poder conseguir los permisos y habilitaciones para la descarga directa de cereales y productos similares llegados de terceros países.
De este modo, cumpliría la función inversa a la que juega en la actualidad. Se transformaría en un puerto hub para la redistribución de este tipo de graneles. En otras palabras, esos mercantes de 60.000 toneladas amarrarían en los muelles locales y otros buques más pequeños se repartirían su carga para desplazarse a otras dársenas, lo que dejaría en la comunidad marítima local los consecuentes beneficios económicos y se incrementarían tráficos.