Conversaciones de indignados

Alfredo López Penide
López Penide PONTEVEDRA / LA VOZ

FIRMAS

RAMON LEIRO

Simpatizantes del movimiento descubren sus orígenes y su futuro

15 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El 15 de mayo del 2011, al albur de la primavera árabe, un movimiento social comenzó a extenderse por toda España. Habían nacido los indignados. En Pontevedra, esta revolución ciudadana fructificó el día 17 con la primera de las asambleas de la plaza de A Peregrina. Entre los convocantes estaba Fran González. A sus 25 años sigue siendo uno de los rostros de Indígnate Pontevedra y reconoce que, a lo largo de estos doce meses, «la gente cada vez esta más concienciada, pero políticamente hemos ido a peor».

A aquel parto también acudió Cynthia Piña, de 35, quien reconoce que acudió con la incertidumbre de «si había concentración o no, y ya en la Michelena vimos que había mucha gente». Por aquel entonces a su hijo aún no le habían salido los dientes.

La que se perdió aquella tarde primavera fue Olga Rodríguez. Estaba en Francia. Fue su compañero quien le dijo que algo ocurría: «Nena, despierta que en tu casa hay una revolución», fueron las palabras con las que abrió los ojos, mientras la televisión informaba sobre las protestas de la plaza del Sol. «Lo pasé mal porque para una vez que me voy fuera... Fue algo que muchos llevábamos esperando», se reafirma a sus 38 años.

Tampoco vivió aquel primer balbuceo Sabela Bernárdez, de 35. Aunque, a pesar de estar hospitalizada, las redes sociales hicieron posible ya no solo que estuviera informada, minuto a minuto, de lo que ocurría en las calles de media Galicia, sino que también se incrementaran sus ganas de tomar parte en ello.

A todos ellos, la ola les cogió de novatos en lo que es el movimiento asambleario. A día de hoy, un año después, otros colectivos de municipios cercanos buscan en ellos asesoramiento o consejo. Todos coinciden en que «ya no hay soberanía nacional», por lo que es preciso «despertar las conciencias», secunda Fran.

Tras aquellas primeras semanas, e incluso meses, de estar en primera línea, el 15-M optó por volver al origen, a las plazas, a los foros, a todos aquellos espacios donde su voz pudiese ser oída a costa de dejar de acaparar titulares. Son conscientes de que es una labor callada, lenta, incluso, exasperadamente lenta, pero que afirman ya ha empezado a dar sus frutos. La dación en pago «fue posible porque la gente salió a la calle. Tiene mucha letra pequeña. Por eso vamos a seguir luchando para quitar la letra pequeña», remarca Sabela.

«Además, estamos viendo políticos con conciencia y eso que creíamos que no existían», apunta Fran, mientras que Cynthia y Olga destacan que se volviese a discutir de política en los espacios públicos. «Tenemos que ser conscientes de que el poder está en la gente. No van a poder menos con más», puntualiza la primera, al tiempo que reconoce que, en ocasiones, sus familiares están «un poco aburridos de que les dé la murga».

«A lo mejor no se ven grandes cosas, pero puedo asegurar que cada uno de nosotros ha avanzado muchísimo», señala Olga. Todos se consideran ciudadanos, algo que «no quita que no podamos decir lo que no nos gusta», añade.

Dos corrientes antagónicas

Indígnate Pontevedra, al igual que otros colectivos del 15-M, se caracteriza por ser una agrupación horizontal, donde las decisiones se toman en asambleas en las que cada asistente es una voz. No hay portavoces, aunque sí muchos rostros, porque tienen el convencimiento de «la manera de acabar con algo es cortándole la cabeza». En el seno de estos encuentros se fomenta el diálogo y la solidaridad social, pero también el trabajo en equipo y la optimización de esfuerzos.

En su seno coexisten dos corrientes tan antagónicas como semejantes. Está la vía reformista, la que quizás concite un mayor apoyo, pero con el hándicap de que es la más lenta, la que asume que los resultados no se conseguirán a corto plazo, sino a medio o largo. Y luego, la rupturista, la que busca dar un giro radical, la que quiere el cambio y lo quiera ya, pero con el problema de que las alternativas que se proponen son más bien difusas.

Eso sí, el objetivo de ambas vías es el mismo, «lograr una democracia real y ciudadana», aclara Cynthia. En su caso, la movilización fue descubrir que «no estaba loca, ni estaba soñando, que hay gente que estaba y está tan enfadada como yo».

Esta pontevedresa, cuenta con el apoyo de su familia. En otros casos, el colectivo es consciente de que muchos simpatizantes lo son a costa de sus allegados. Y es que apoyar decididamente al 15-M, a veces, conlleva represalias laborales, algo que conoce bien Sabela y algunos de sus compañeros. Es algo, sin embargo, que no les quita las ganas de seguir luchando, porque como afirma uno de los lemas del movimiento, «otro mundo es posible».

Crónica Aniversario del 15-M Pontevedrés

«Estamos viendo políticos con conciencia y eso que creíamos que no existían»

«El poder está en la gente. No van a poder menos con más»