La tradición tiene tela

b.r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

M. MORALEJO

Cristina González Rodal continúa haciendo ropa regional en la tienda que abrió su madre

06 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Marola es el movimiento de grandes olas en el mar. Quizás por eso Concepción Rodal, al ver la amplia ondulación que conseguían al dar vueltas las faldas de las mujeres vestidas con trajes de gallega, decidió que era un buen nombre para su negocio.

«Ella venía de trabajar como modista de alta costura en un taller que había en Urzaiz, que fue donde se formó, y luego pasó a trabajar de modista en casa. Al mudarnos desde el barrio de Teis al centro de Vigo, y ya cuando los hijos éramos ya un poco mayores, decidió poner esta tienda dedicada al traje tradicional porque vio que quizás había un hueco por cubrir, ya que entonces, haciendo este tipo de ropa, estaba Maruja Méndez, gente de la Sección Femenina de la época de Franco y poco más. Cuando empezó, además de trajes tradicionales, también hacía indumentaria para ballet, más que nada porque las tres pequeñas de la casa bailábamos y siempre nos estaba cosiendo nuestras cosas», recuerda Cristina, que es la que ahora lleva en solitario el negocio desde que su madre se jubiló.

Marola empezó en el número 19 de Colón, en unas galerías que hoy ya no existen. Hoy el local está en las Galerías Príncipe, que tienen también entrada por Doctor Cadaval.

Cristina cuenta que, como sus hermanas, cosía desde bien pequeña, aunque nunca pensó en dedicarse a ello ni se formó para tal fin. Todas pasaban ratos en el comercio, donde su madre tenía por aquel entonces una ayudanta, pero profesionalmente solo ella acabó como continuadora de la saga. Aunque sí tiene a alguien de la familia cerca. Su hermana Marián trabaja en su casa y hace los bordados de pedrería de los trajes que le encargan. «Para mí es una ayuda bastante importante», admite.

«Yo era monitora de aeróbic, pero lo tuve que dejar por una lesión irrecuperable. Tras pasar después por varios trabajos que no tenían nada que ver con la confección, unos años antes de que mi madre se jubilase me propuso heredar el negocio y me puse a trabajar con ella a tiempo completo. Para mi sorpresa la cosa se me dio muy bien. Aprendí todo lo que se primero cosiendo con ella y después, investigando», confiesa.

Cuando se hizo cargo del negocio, tras retirarse su madre hace 15 años, eliminó el ballet «porque ya había muchos sitios especializados en Vigo», explica.

Desde entonces está centrada en el traje regional y entre su clientela está desde quien necesita unos zapatos, un pañuelo o un adorno, a asociaciones o grupos enteros. Por ejemplo, trabaja para un grupo de Suiza que representa a España en Zurich, As Xeitosiñas. «Les hago yo toda la ropa», señala. Sin embargo cuenta que cada vez tiene menos grupos porque muchos tienen costureras propias. Los diseños para adultos que realiza se destinan a la venta, ya que el servicio de alquiler solo lo tiene para para niños y niñas pequeños. Hacer un traje le puede llevar entre diez días a mes y medio, dependiendo de la dificultad de cada reto.

Su especialidad es el traje gallego, pero a veces recibe pedidos esporádicos de otras comunidades, sobre todo del norte de España, ya que son muy similares. Cristina revela que «ahora, por estética, te piden modificaciones, pero la ropa tradicional, como su nombre indica, tiene que ir pegada a una forma correcta de hacerla. Una camisa negra no existe. ¿Queda chulo? Pues vale, pero no. Se lo digo pero no me hacen caso. Yo informo».