Tres mujeres relatan vivencias y renuncias que implica la maternidad
06 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.María José García (Burela, 1974), Montse Espíndola (Barcelona, 1970), residente en Foz desde hace ocho años, y Mónica García (Rinlo, 1983) son madres. Este es, en los tres casos, su rol más trascendental. María José estudió Ingeniería Técnica Industrial y ejerció de docente hasta que optó «polo retiro voluntario», a los pocos meses de nacer su hija Laura, que ahora tiene cuatro años y medio. Montse, profesora de Diseño y Moda, trabajó como dependienta y desde el nacimiento de Pol, hace tres años y medio, no ha buscado empleo para dedicarse por entero al pequeño.
A Mónica la maternidad la sorprendió con 18 años. «Non foi desexada, pero o susto de verdade veu cando, aos cinco meses do segundo embarazo, nos dixeron que eran xemelgas», recuerda. Aridane tiene diez años y Paula y Lucía, cuatro. A diferencia de María José y Montse, que han optado por aparcar sus carreras profesionales para volcarse, a tiempo completo, en el cuidado de sus vástagos, Mónica sintió en seguida la necesidad de tener una ocupación fuera de casa. De lo contrario, aseguro, el agobio podría con ella.
«Empecei traballando dúas horas, pouco a pouco», cuenta. Hasta que comenzó su actividad en la lonja de Burela, descargando pescado. La mayor o menor afluencia de barcos condiciona su jornada laboral, que suele empezar a medianoche y finaliza entre las seis y las ocho de la mañana. «Ao primeiro costoume adaptarme aos horarios», admite. Pero ahora agradece las ventajas de la nocturnidad (pese a tener que sacrificar el sueño y la vida en pareja), pues le permite atender de los niños durante el día. Su marido se encarga de ellos por la noche. Pese a tener solo cuatro años, Paula y Lucía saben que hay que respetar la siesta de mamá. «Érguense, acenden a tele para ver os debuxos e collen de comer. Son independentes, pero son pícaras...».
María José, que espera a su segundo bebé, siguió otro camino: «Tomei a decisión máis extrema. Nun principio pensas que eres ti soa, pero despois descubres que non, hai máis mamás amas de casa». Al reincorporarse a su puesto tras la baja maternal descubrió las dificultades de conciliar. «Os horarios eran incompatibles, sempre necesitaba que alguén coidara de Laura e optei polo máis radical». Su decisión ha implicado alguna renuncia en el plano material, «porque te quedas sen uns ingresos», pero ha compensado con creces a toda la familia: «Gañamos en calidade de vida, anque sexamos máis pobres».
En contraste con Mónica, María José encuentra «bastantes vantaxes» en esta implicación absoluta, durante 24 horas, al ámbito privado. «Entendo que non todo o mundo queira, como opción ou porque necesiten traballar para realizarse ou por unha cuestión económica..., pero cando a nena enferma non teño que chamar a ninguén, nin avisar ao xefe. As mamás que traballan son unhas heroínas».
Montse valora la oportunidad de criar a su hijo (no descarta cumplir su sueño de tener un segundo biológico y adoptar el tercero, aunque la crisis y la falta de expectativas la disuaden) y mira el ejemplo de su madre, ama de casa, que sacó adelante a cinco niños. «Me pregunto si el hecho de que ahora haya tantísimos problemas con los niños se debe a que en su casa no tienen al padre o a la madre...». Ella ha querido «disfrutar de la maternidad» a tiempo completo. María José, partidaria de «compartir e desfrutar dos fillos cando son pequenos», necesita «desconectar» del ambiente doméstico y no le importan ni el cansancio ni las noches en vela en la lonja. Las tres aprenden mucho cada día de sus hijos, una responsabilidad que muchas veces asusta, pero se sobrelleva con besos, abrazos, sonrisas y su frase favorita: «Quérote mamá».