En Vigo se tiran 67 toneladas de alimentos en perfecto estado en una sola jornada laboral
06 may 2012 . Actualizado a las 07:05 h.La semana pasada se presentó el informe Alimentos Kilométricos, que describe el impacto ambiental, traducido a emisiones netas de gases contaminantes, de las importaciones de alimentos del Estado español. Las cifras globales asustan: importamos anualmente más de 29 millones de toneladas que recorren una media de más de 5.000 kilómetros y se traducen en más de 5 millones de toneladas de CO2. Literalmente, nos estamos comiendo el mundo.
Posiblemente pensemos que se trata de alimentos tropicales, necesariamente cultivados y procesados en otros continentes, pero nada más lejos de la realidad. El estudio analizaba alimentos tan cotidianos como garbanzos, huevos, cereales, carne y pescado, vino, animales vivos, frutas y legumbres, etc.
Si lo trasladásemos a nuestra ciudad, el resultado sería que solamente por causa de nuestra alimentación, cada ciudadano y ciudadana vigués emite a la atmósfera 118.500 kilos de veneno al año. Quizás esta cifra ayude a comprender que detrás de la alimentación se esconde el 50 % de los gases que provocan el cambio climático y el resto de la contaminación del aire, el agua y las tierras.
Pero los efectos ambientales son apenas una parte de los problemas que genera nuestra alimentación industrializada. Los problemas sociales que se ocultan tras la aparente paradoja de que un kilo de legumbres, traída desde Sudamérica, cueste más barato que su equivalente de producción local. ¿En qué condiciones laborales, sanitarias, sociales, económicas y ambientales trabajan los campesinos y campesinas del tercer mundo, que mueren de hambre mientras producen nuestros alimentos? A lo largo de esta cadena, según la FAO, se pierden además el 50 % de los productos.
Quisimos conocer el resultado de todo esto a nivel local, y para eso nada mejor que la experiencia práctica. Por eso iniciamos la campaña denominada Con-tenedores, que significa sencillamente intentar vivir de la comida que se tira a la basura.
Una puntualización necesaria para explicar a lo que nos referimos: no hablamos de restos de comida a medio consumir, ni de productos caducados, ni alimentos contaminados, putrefactos o sucios, sino de comida en perfecto estado, tanto sanitaria como nutricionalmente que termina en la basura por tener «mal aspecto» o por superar su fecha de consumo preferente (no de caducidad), etc. Todo ello arrojado al contenedor en bolsas separadas y aisladas del resto de los residuos.
El resultado de la experiencia fue más impresionante de lo esperado; en un solo contenedor, ante un supermercado de la ciudad elegido aleatoriamente, recogimos alimentos para una cena variada de doce personas, compuesta de lácteos, frutas, verduras, legumbres, pastas, encurtidos? Y sobró comida.
Estas situaciones de emergencia hacen que aflore lo mejor, pero también lo peor de los seres humanos. Durante las noches de preparación (la basura se tira por la noche) conocimos a personas que subsisten, y no por gusto, alimentándose de la comida que otros tiran, y la experiencia de supermercados en los que (a pesar muchas veces de las órdenes en contra de sus superiores) algunos empleados separan e identifican las bolsas con comida en buen estado, para facilitar la recuperación de quien lo necesite, y otros lugares donde la comida se abre, se mezcla con desperdicios, se ensucia deliberadamente y se riega con un chorro de lejía para evitar su recogida.
Vigo es el motor económico de Galicia, además de contar con las aceras más lujosas de Europa y calles comparadas con los Campos Elíseos parisinos o la madrileña Serrano. Paralelamente existe otro Vigo, en el que 15.000 familias (en vertiginoso aumento) sobreviven por debajo del umbral de pobreza. Seguramente es cuestión de prioridades. El pasado lunes, con la inevitable foto de sonrisas, el Concello entregaba al Banco de Alimentos una tonelada de productos. Ese mismo día en Vigo se tiraban a la basura 67 toneladas de alimentos en perfecto estado.