De Etiopía, fue adoptado por una familia de Poio y aspira a ser profesional
05 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Pedro Fikadu jugaba al fútbol con un paño de cocina enrollado y con botellas de plástico. Daba patadas a lo que en su mente era un balón en la tierra polvorienta de su aldea natal, ubicada en Sidamo, una ciudad de Etiopía que da nombre a una variedad de café. Entre sus rivales o compañeros de equipo estaban sus hermanos mayores, que todavía corren por esas mismas calles perdidas entre las plantaciones de café del Cuerno de África. El propio Pedro, de 8 años, reconoce que practica el deporte rey «porque mis hermanos también lo hacen».
Su vida dio un giro de 180 grados a finales del año 2009 cuando una familia de Poio lograba definitivamente su adopción. El niño llegó a las Rías Baixas con su hermana menor, Carolina Mastawesha, de 6 años.
Pese a su edad, Pedro ya apunta maneras. Es un malabarista con el esférico. Regatea, pasa y marca de forma innata. El balón es una extensión de su cuerpo. A los pocos días de pisar Pontevedra, el niño poiense de origen etíope ya se había enfundado la camiseta del Playas de Pontevedra de fútbol sala y en el Marcón de fútbol 7. Con anterioridad, también había jugado con el Poio Pescamar Fútbol Sala.
Su nivel es tan sorprendente, que disputa las ligas benjamín, alevín e infantil de fútbol sala en la provincia de Pontevedra. «Deja sentados a niños que tienen hasta cinco años más que él y el doble de cuerpo», destaca su entrenador del Playas de Pontevedra, Luis Miguel Lamas.
Convocado al Mini Estadi
Su proyección promete, y una prueba es que la próxima semana tiene una de las citas más importantes de su corta vida. Viaja a la ciudad Condal para probar con las categorías inferiores del Barcelona. Habrá dos días cruciales. El pequeño se cita con su destino en el Mini Estadi, a la sombra del Camp Nou. Los técnicos visionaron un vídeo suyo y no dudaron en admitirlo a la concentración de búsqueda de talentos. «Si pasa el primer filtro, habrá otro día de pruebas a finales de mayo», recuerda su preparador, Luis Miguel Lamas.
En Barcelona, Pedro se encontraría con uno de sus ídolos: Messi. Se confiesa aficionado culé y celtista -por presión familiar-, pero no le disgustaría intercambiar impresiones con su otro héroe: Cristiano, como él mismo le llama.
Pero para Pedro, el fútbol no es solo un medio para alcanzar la gloria. Desea a toda costa convertirse en un estrella del balompié para lograr el gran sueño de su vida. «Quiero ser un futbolista profesional para poder traer a mis hermanos de Etiopía a España», afirma Pedro Fikadu, mientras golpea el balón en la cancha del Pabellón Universitario.
Estudios y atletismo
No obstante, si fracasa en su intento por coronarse en el deporte que hizo Dios a Pelé y a Maradona, Pedro no descarta el mundo del atletismo. Ganó dos años consecutivos la carrera popular Maratón Fátima de Poio.
Además, hay una alternativa al deporte, los libros. Pedro Fikadu, que significa creencia en amarico, la lengua oficial de Etiopía, es también un delantero nato en el aula. «Saca notables y sobresalientes», sostienen sus padres, Pedro Santos y Andrea Villalón. Cursa segundo de Primaria en el CEIP Isidora Riestra, de Poio. «Es un niño muy estudioso -destaca su madre-. Cuando llega del colegio, primero hace los deberes y luego sale a correr con su padre o va a entrenar».
Al niño, según él mismo afirma, le gustaría estudiar Derecho. «Si no puedo ser futbolista me gustaría poder trabajar de abogado», subraya.
«¿Qué es abogado?», pregunta su hermana pequeña. «Es una persona que defiende a otras con problemas», responden sus padres.
Pedro Fikadu está tan contento jugando en las pistas cubiertas de fútbol sala como al aire libre en los campos de Fútbol-7. «Pedro está contentísimo en el Playas de Pontevedra», afirma su madre. La apuesta, sin embargo, está en la mesa. El viaje a Barcelona para probar suerte con la entidad azulgrana supone el gasto vacacional familiar del año.
«Él se lo merece», dice un orgulloso padre. «Este año no habrá vacaciones y no pasa nada». Confía tanto en su pequeño que si el destino les pone rumbo a la ciudad Condal, la familia no mirará atrás. «Lo dejaremos todo para que Pedro cumpla su sueño», afirman sus padres. «Nos mudaríamos, no le vamos a decir que no».
pedro fikadu jugador del playas de pontevedra