Arte con la serigrafía

La Voz VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Álvarez Blázquez triunfó con sus reproducciones de grandes artistas gallegos. Por Gerardo González Martín

04 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Á lvaro Álvarez Blázquez pudo ser un buen arquitecto si las circunstancias hubieran sido otras. Era su vocación, pero su familia no podía permitirse aquel gasto después del fusilamiento de su padre, el doctor Darío Álvarez Limeses en Tui, donde prestaba sus servicios al principio de la guerra civil. Era aquel un médico humanista, que ya en pleno conflicto ayudó a superar sus penas a los perseguidos por los sublevados. Su delito fue ser uno de los pioneros en la militancia del Partido Galleguista. Ante aquel crimen, con raíces ideológicas y personales, el otro médico de la familia, Darío Álvarez Blázquez ?su hijo- corrió la aventura de venirse a vivir a Vigo haciéndose cargo de sus hermanos, con lo que Álvaro no podía acumular una carga sobre otra, reclamando hacer realidad su ilusión de estudiar Arquitectura.

Por casualidad se cruzó en el camino de nuestro personaje un hombre providencial. Una persona que estaba de paso en Vigo para embarcarse y se encontró con el problema de que se retrasaba el vapor que esperaba. El viajero puso un anuncio para impartir clases, durante una breve temporada, de un arte de imprimir apenas conocido: la serigrafía. Así si inició Álvaro en la disciplina que para él iba a ser fundamental y que luego perfeccionaría, especialmente en Madrid y París.

Funcionario y escultor

Nuestro hombre consiguió plaza en el Instituto Social de la Marina y no tardaría en hacerse un referente, como todos los Álvarez Blázquez, de la oposición interna al régimen desde el galleguismo. Dotado para el arte, como varios de sus hermanos, con un grupo de jóvenes compañeros levantó un busto de Valle Inclán en el monte Lobeira. También trabajó para los catálogos de Cerámicas del Castro y montó libros para las tempranas actividades editoriales de su hermano Xosé María, que difícilmente podían calificarse como negocios.

A caballo entre los sesenta y los setenta su Serigrafía Gallega empezó a prestigiarse, en buena medida porque la progresía decoraba cuanto espacio tenía a mano con las reproducciones que él serigrafiaba. Como es sabido esta técnica de imprimir se ejecuta con una pantalla tejida con hilos de seda u otro material, en la que se dejan libres las zonas que se quieren imprimir y se cubre el resto.

En los últimos años del franquismo y primeros de la transición cabe situar el primer gran éxito de la Serigrafía Gallega. Desde Virxilio a Isaac Díaz Pardo desde Laxeiro a Luis Seoane preparó una amplia muestra de reproducciones que llevaron al éxito a Álvarez Blázquez. Copias que no se diferenciaban del original, a precios asequibles para todo el mundo, hicieron que no sólo triunfara en Galicia, sino también fuera de aquí. Se sucedieron las exposiciones, por supuesto que en nuestra tierra, pero también en otras poblaciones españolas y no pocas del extranjero. Además en aquellos años de ardorosas reivindicaciones eran también significativas las ventas de adhesivos, en general para automóviles, y en muchas ocasiones reclamando el uso de la lengua gallega.

Su última gran exposición se celebró en Vigo, en la Casa das Artes. en 2003. Otra vez artistas gallegos de primera línea, fueran Leopoldo Varela o María Antonia Dans consiguieron un gran éxito, de la mano y con la técnica de Álvaro Álvarez Blázquez, el hombre que quería ser arquitecto y consiguió con un arte de imprimir su vocación plena. Murió el artista en el verano de 2005.

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