Ferrolanos en Mauthausen

francisco varela FERROL

FIRMAS

archivo barrera

No solo el futbolista Xelo estuvo en los campos de extermino nazis, hubo 19 más

02 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace tres años falleció en Francia Marcelino Pardal, Xelo, que fuera jugador del Racing antes de la Guerra Civil, luchó en el bando republicano, pasó los Pirineos y acabó en el campo de exterminio nazi de Mauthausen. Nunca quiso volver a su tierra, a pesar de que Memoria Histórica había sondeado la posibilidad de pedirle al club que le hiciese un homenaje si él aceptaba. Pero no fue el único ferrolano o de la comarca que miraron frente a frente al mal en estado puro en Mauthausen, Gusen y otros campos. Hubo al menos otros 19, entre ellos, Antonio Cendán Rodríguez, al que también el fútbol salvó la vida porque, según se cree, los nazis le daban un poco más de comer para que jugase en una especie de liguilla. El historiador Enrique Barrera rastreó archivos parroquiales y alemanes, habló con las familias, y el resultado es un libro que aparecerá el próximo verano, coincidiendo con la inauguración de un monumento en Ares en memoria de todos ellos. Mañana, no obstante, hablará del tema en el Café Teatro (Pazo da Cultura, Narón) a las ocho de la tarde.

Es la dramática pero apasionante historia de unos hombres. Muchos de ellos eran cabos de la República, equivalente a los suboficiales de la Armada de hoy, aunque no vanguardia revolucionaria sino militares profesionales que en el éxodo a Francia acabaron en las CTE (Compañías de Trabajadores Extranjeros). Con la invasión alemana quedaron en manos de los nazis. Alemania preguntó a Serrano Súñer qué hacia con ellos y este le respondió que no eran españoles. Como apátridas fueron enviados a los campos y, cerca de la mitad, sorprendentemente, sobrevivieron. Vivieron en el exilio francés y poco hablaban del infierno pasado. Es un dato que une a todos ellos. Un sobrino de Chucho Chao narró que su tío le había contado que comía raíces de árboles. Murió en Barallobre en 1991 y llegó a trabajar en una compañía auxiliar de Astano; es de los pocos que se reintegraron a su tierra, aunque él con muchos traumas.

Solo el mugardés Montero Cotos luchó en el maquis francés. Ya vivía en Francia y tras la invasión se unió a la resistencia y los alemanes no tenían contemplación con los guerrilleros. El ferrolano Antonio Cendán estaba en la fila para la cámara de gas, había enfermado y era el destino que esperaba a los inválidos para el trabajo. Pero sonó la sirena del mediodía y pararon. Unos compañeros lo ocultaron y salvó la vida. Se recuperó y volvió a jugar al fútbol incluso en la primera división de Francia. Durante 25 años fue el portaestandartes de los desfiles de los deportados, condecorado también en Francia con la Medalla del Deber.

Está el ferrolano Vicente Criado Gabeiras, primo del general Gabeiras, que refleja el drama de muchas familias divididas entre los dos bandos de la Guerra Civil. Algunos para protegerse ocultaban su identidad o daban otra, de ahí la dificultad para seguirles el rastro. Otros quedaron en los campos, como José Andrés Pena Losada, de Franza (Mugardos), muerto en Gusen en 1940. La mujer de José Pedreira (O Baño, Mugardos) supo del destino de su marido en 1960 cuando recibió una carta del gobierno francés notificándole que había muerto a manos de los nazis y que desde 1945 tenía derecho a una pensión alemana. La familia del deportado ferrolano Manuel Ponte (residen en Castro Urdiales) pensaba que falleciera en un accidente de trabajo, al recibir la pensión.