2. Arcipreste de Hita

La Voz

FIRMAS

Oscar Vázquez

02 may 2012 . Actualizado a las 13:15 h.

Ya en el siglo XIV, el arcipreste de Hita denuncia sin ningún miramiento el poder extraordinario y perverso del dinero. El mercantilismo, la falta de escrúpulos y de ética de todos los estamentos de la sociedad del momento quedan aquí perfectamente retratados:

Lo que puede el dinero

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;

al torpe hace discreto, hombre de respetar,

hace correr al cojo, al mudo le hace hablar;

el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

Aun el hombre necio y rudo labrador

dineros le convierten en hidalgo doctor;

cuanto más rico es uno, más grande es su valor,

quien no tiene dineros no es de sí señor.

Yo vi en corte de Roma, do está la Santidad,

que todos al dinero tratan con humildad,

con grandes reverencias, con gran solemnidad;

todos a él se humillan como a la Majestad.

Creaba los priores, los obispos, abades,

arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;

a los clérigos necios dábales dignidades,

de verdad hace mentiras; de mentiras, verdades.

Ganaba los juicios, daba mala sentencia,

es del mal abogado segura mantenencia,

con tener malos pleitos y hacer mala avenencia:

al fin, con los dineros se borra penitencia.

El dinero quebranta las prisiones dañosas,

rompe cepos y grillos, cadenas peligrosas;

al que no da dinero le ponen las esposas.

¡Hace por todo el mundo cosas maravillosas!

He visto maravillas donde mucho se usaba:

al condenado a muerte la vida le otorgaba,

a otros inocentes, muy luego los mataba;

muchas almas perdía, muchas almas salvaba.

Hace perder al pobre su cabaña y su viña,

sus muebles y raíces, todo lo desaliña;

por todo el mundo anda su sarna y su tiña;

donde el dinero juega allí el ojo guiña.

Él hace caballeros de necios aldeanos,

condes y ricoshombres de unos cuantos villanos,

con el dinero andan los hombres muy lozanos,

cuantos hay en el mundo le besan hoy las manos.

Yo he visto a muchos monjes en sus predicaciones

denostar al dinero y a las sus tentaciones,

pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,

absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

Clérigos, monjes, frailes no toman los dineros,

pero guiñan el ojo hacia los herederos

y aceptan donativos sus hombres despenseros;

mas si se dicen pobres, ¿para qué tesoreros?

Toda mujer del mundo, aunque dama de alteza,

págase del dinero y de mucha riqueza,

nunca he visto una hermosa que quisiera pobreza:

donde hay mucho dinero allí está la nobleza.

El dinero es alcalde y juez muy alabado,

es muy buen consejero y sutil abogado,

alguacil y merino, enérgico, esforzado;

de todos los oficios es gran apoderado.

En resumen lo digo, entiéndelo mejor:

el dinero es del mundo el gran agitador,

hace señor al siervo y siervo hace al señor;

toda cosa del siglo se hace por su amor.