El arranque sistemático de los viejos viñedos acaba con la singularidad de los vinos
29 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Uvas de invernadero. Una etiqueta que vale para la producción de muchas viñas reconvertidas, aunque nunca hayan estado cubiertas por plásticos. Flamantes plantaciones de mencía o godello que ocupan de un año a otro, sin dar respiro a la tierra, el lugar de las variedades más productivas pero de menor calidad hegemónicas en tiempos del granel. Viejas cepas de mouratón o jerez que se alimentaron de ese terreno durante décadas, y que al desaparecer no dejan al viticultor otra salida que compensar las carencias del suelo con abonados intensivos. A través de la vieja técnica de la enxerta, se podría renovar el viñedo sin tener que arrancar los antiguos pies. Pocos, sin embargo, la practican en Ribeira Sacra.
«Para mí, ha sido un gran error de la administración permitir los arranques destinados a replantar viñedo sin que se deje un tiempo para que descanse la tierra. Si no haces barbecho, tienes que recurrir a encalados, abonos... Y al final lo que recoges son uvas de invernadero. Es una lástima que no se haya recurrido más a injertar, porque Galicia tiene un serio déficit de viñedo viejo», dice el bodeguero riojano Rafael Palacios, ahora instalado en Valdeorras.
A gran profundidad
El potente sistema radicular de la planta, que puede alcanzar grandes profundidades, condiciona su alimentación hídrica y nutricional, que tiene una relación directa con la producción y calidad de la vendimia. Por eso son las vides de mayor edad las que pescan en los mejores caladeros y las que tienen más opciones de sacar partido del terruño. «En prácticamente todas las nuevas plantaciones se han olvidado las viejas cepas. Los clones se compran en viveros impersonales, sin seleccionar las mejores cepas que cada uno tenía en sus viñas», opina Paco Berciano, distribuidor de «vinos con alma».
Injertar viña vieja con púas de cepas aclimatadas a la zona, en vez de replantar con vides en serie de clones idénticos, ayudaría a preservar la singularidad de los vinos, un objetivo irrenunciable para una zona con los condicionantes de Ribeira Sacra. La única forma de conseguir que, de nuevo, un vino de Chantada se pueda distinguir de otro de Amandi.