En plena guerra había dos hermanos al frente de sentas notarías. Por Gerardo G. Martín
27 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.p or una vez vamos a cambiar los términos y seremos nosotros los que demos fe de la vida de varios notarios que tuvieron presencia y actividad en el Vigo de su tiempo a lo largo de más de un siglo. El primero, José María Lence y Díaz, nombrado fedatario en 1859, en 1876 su despacho de la calle del Placer era el lugar de recogida de las adhesiones al Ateneo Científico de Vigo, que nos consta existió porque llegó a tener como presidente al diplomático Emilio García Olloqui ?presente en nuestro callejero-, que aunque ha pasado a la historia local como poeta, la crítica más rigurosa le considera poetastro. El Ateneo, en cualquier caso no tuvo la larga vida del que promovería Herberto Blanco en 1921, que resistió hasta el inicio de la guerra civil.
El notario de referencia no tuvo una activa vida social en la ciudad, de la que sí gozaron sus hijos, ambos, Diego y Nazario republicanos metidos en lides periodísticas. Aquél fue el primer gerente de la también primeriza empresa privada de abastecimiento de aguas que allá por 1902 creó el Banco de Vigo. Nazario heredó de su jefe, Francisco Tapias, una profunda amistad con el líder político Emilio Castelar ?que llegó a pasar dos veranos en nuestra ciudad-, pero todo indica que Lence no obtuvo tanto rendimiento del que fuera presidente de la I República, como éste había sacado de Tapias. Ignoramos a propósito la figura de un profesional señero: Eugenio Domínguez González, abuelo del escritor Eugenio Montes, líder de los ciclistas gallegos cuando frisaba los cincuenta años y primer presidente de la Cruz Roja local. No hay otra razón que haber hablado de él largo y tendido en una etapa anterior de esta Memoria de Vigo.
Ajedrecista arriesgado era el fedatario público Casimiro Velo de la Viña. Él y otros nueve vigueses se enfrentaron en 1903 a un solo adversario, que los venció. El individuo era un virtuoso de este deporte. Notario de Tranvías Eléctricos de Vigo, Velo de la Viña presidió también la Sociedad Filarmónica durante un largo período de la década de los veinte, el siglo pasado.
Nuestro coetáneo, el doctor Troncoso de Plá desciende de la familia del notario Segundo Plá de Huidobro, que tuvo nada menos que 18 hijos y fue diputado a Cortes al terminar sus estudios de Derecho. Estaba emparentado con Sofía Casanova y era fama su brillantez como improvisador de versos.
De dos en dos
Los Poveda Martín, Antonio María y Fernando, actuaron como fedatarios públicos en plena guerra civil. El primero presidió el Circulo Mercantil al menos entre 1937 y 1939 y desde esta sociedad organizó un homenaje al capitán Antonio Carreró, figura de los militares sublevados. Fernando fue cargo orgánico del Movimiento, llegando a tener responsabilidades en materias de Justicia y Prensa. También presidió el Real Club Náutico en 1942. Otro caso fue el de Miguel Hoyos de Castro, que llegó a la notaría viguesa en 1941.Interesado en las Bellas Artes, firmante de algunos ensayos, era profundamente católico y alcanzó la condición de vicepresidente de la Junta Diocesana. Hoyos de Castro, que era de Valladolid, además de dar la fe pública ejercía las abogacía por libre y sería vicepresidente de la Filarmónica viguesa.
Los Casal en Vigo
En torno a 1943 o 1944, se estableció en Vigo como notario Raimundo Casal Soto, el primero de esta dinastía. Este hijo de Moraña (Pontevedra) había recorrido varias poblaciones como profesional y sin duda de la que mejor recuerdo guardaría sería de Becerreá, donde conoció a la que haría su esposa, ella Natividad Rivas Arrojo. El profesional iría a morir precisamente a la población lucense. En su peregrinar por España, Casal padre había sufrido prisión política, creemos que en Murcia.
Le salieron inteligentes los hijos al notario. José Carlos (+ abril de 1994) y Alberto aprobaron ambos oposiciones como jueces y fiscales, además de ser el segundo, nuestro convecino, el notario más joven de España.
Raimundo Casal hizo muy poca vida social, encerrado en la notaría de Reconquista. Su hijo Alberto, íntimo de Cunqueiro, Castroviejo y de mil escritores y pintores, siempre tuvo fama de mecenas , aunque desde su jubilación, al empezar la década de los noventa se le ve menos con esa farándula a la que tanto ayudó en todos los sentidos. Según Lalo Vázquez Gil, en un poema dedicado a Alberto Casal: «Su notaría fue mantel diario // al que iban impecunes escritores // en sus épocas bajas y pintores // o escultores en fallo alimentario».
memoria de vigo Por Gerardo G. Martín
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