El árbitro enseñó la tarjeta roja a Fernando por error, pero rectificó, lo devolvió al campo y el jugador marcó el empate
06 mar 2012 . Actualizado a las 16:13 h.Cuenta la leyenda que cuando el Cid Campeador murió, a su gente se le ocurrió atarlo al caballo y lanzarlo al campo de batalla, logrando su última victoria a base del miedo que su figura insuflaba en la tropa enemiga. A menos de un mes de añadir un taco más a los 32 que lleva a cuestas, no es Fernando Fernández un futbolista conocido por su fiereza ni agresividad en los terrenos de juego. Más bien lo es por su elegante manejo del balón en cualquier punto de la línea de enganche con la punta del ataque. Pero, al menos el pasado domingo, el futbolista caldense ejerció el papel de Rodrigo Díaz de Vivar, y si no conquistó la plaza de Redondela, sí melló sus puertas subiendo el definitivo 1-1 para forzar el armisticio entre dos aspirantes al ascenso en la Preferente Sur. El anfitrión, el Choco, y su propio equipo, el Ribadumia. Una gesta que Fernando firmó de su puño y letra tan solo 8 minutos después de ser liquidado y devuelto a la vida en un suspiro por el colegiado lucense José Manuel Alvariño, en la que parecía la corrección de un mal trovador dispuesto a cargarse la melodía que construían dos de los conjuntos con mejor trato del balón de la modesta categoría.
El equipo ya estaba con diez
Era el minuto 51 de partido. Apenas habían transcurrido 60 segundos desde que el árbitro había expulsado al visitante Miguel Cobas al sacarle su segunda tarjeta amarilla por un forcejeo con un contrario en una acción que acabaría en el 1-0 tras aplicar el trencilla la ley de la ventaja. La decisión soliviantó al personal del Ribadumia. Sobre todo por tratarse de un partido de guante blanco, y porque, como ayer reconocía el propio entrenador del Choco, Jacobo Montes, «a primeira tarxeta a Cobas practicamente non fora nin falta». Las protestas acabaron con amonestaciones al técnico visitante, su segundo y sus jugadores Juanjo y Manu Nieto. Y entonces empieza la historia de Fernando. «Eu levaba o balón, e empurráronme. O árbitro non pitou nada e díxenlle que era falta. Entón sácame a amarela, e para a miña sorpresa, cando me xiro, a vermella».
El de Caldas pensó «isto é imposible. En quente non sei ben que lle dixen. Non o insultei. Díxenlle que agardaba que o estiveran vendo os informadores da Federación e que non volvera pitar na categoría», y enfiló hacia el vestuario. Cruzó el ancho del campo, y cuando ya había cubierto los alrededor de 20 metros que separan el terreno de juego de las duchas «gritáronme desde o noso banquiño `Vente, que se equivocó?. Pensei, é un cachondeo. Dábame a risa. Nos anos que levo xogando nunca tal vira».
Una de cal, y otra de arena
Reincorporado al partido, Fernando le preguntó al colegiado qué había pasado. «Explicoume que na expulsión de Cobas lle sacara unha tarxeta a Manu Nieto, e que ma anotara a min». Su compañero lucía el dorsal 9, y el resucitado el 8. En el minuto 59, Fernando recogía un balón a la espalda de la defensa asistido por Manu, y de tiro cruzado fusilaba al portero local.
En línea con las declaraciones de su entrenador el día anterior, e incluso del técnico rival, que ayer afirmaba que «o trío arbitral non estivo á altura dun gran partido», el goleador del Ribadumia acusa al colegiado de cargarse el partido. Pero también tiene palabras de elogio para él. «Aínda que lle faltara personalidade, orgulloso non é. Hónralle que recoñecese que se equivocou».