Dante y Dalí, por las sendas del infierno, el purgatorio y el cielo

r. loureiro FERROL

FIRMAS

La Fundación Novacaixagalicia muestra el diálogo entre dos clásicos

01 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Es cierto que entre los muchos artistas que han ilustrado la Divina Comedia de Dante se encuentran desde Botticelli hasta -por supuesto- Gustavo Doré, que si se nos permite la ironía lo ilustró casi todo. Pero igual de cierto es que es Dalí, con el centenar de grabados -para ser exactos, xilografías- que ahora se exponen en la sede ferrolana de la Fundación Novacaixagalicia, quien ilumina, con su mirada, la atormentada sensación que al hombre contemporáneo le produce visitar de nuevo uno de los más grandes clásicos de la literatura de todos los tiempos.

Impresiona un poco recordar que las estampas que se muestran entre los muros del edificio del Cantón de Molins -un edificio que a lo largo de su historia, como se recordó en la apertura de la exposición, fue desde cárcel pública hasta instituto de segunda enseñanza y gobierno militar- salieron de las manos de Dalí. Que entonces ya había renegado de los postulados surrealistas que tanto le habían servido de inspiración en otros momentos. Creadas entre los años 1960 y 1964, las xilografías dalinianas expuestas en Ferrol -antes que estampas fueron acuarelas- tuvieron, como casi todas las obras maestras, un origen tormentoso. En principio fueron encargadas por el Gobierno de Italia, que posteriormente se desentendió del encargo, y fue la Santa Sede quien pidió a Dalí que continuase con su proyecto. Todo cuanto a lo largo de su vida obsesionó a Dalí (atormentado también él, y es posible que más de lo que por lo general se cree, por el siempre difícil empeño de existir) está presente en esta colección.

El valor de lo imperecedero

El infierno, el purgatorio y el paraíso de Dante, vistos a través de los ojos de Dalí, vienen a confirmar que aquello que realmente merece ser llamado arte habita una forma de eternidad: la de lo que está llamado a trascender. O sea, la de lo imperecedero. Conmueve contemplar los grabados muy de cerca. Y a poder ser, en silencio.