Cuarta tentativa gallega al Annapurna

Xosé Ramón Castro
x. r. castro VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Sechu López afronta el reto de hollar la cima de una montaña con el 40 % de mortalidad

29 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El Annapurna ha sido territorio vetado para el montañismo gallego a lo largo de la historia. Tres tentativas de ascensión en el final del siglo pasado y tres abandonos generados por las avalanchas. Por algo, esta montaña de 8.091 metros de la cordillera del Himalaya es una de las más prestigiosas y difíciles entre el mundo de los ochomiles, y sobre todo, la más peligrosa. Tiene el índice de mortalidad más elevado, el 40 %. Cuatro de cada diez expedicionarios se han quedado sepultados allí.

El vigués Sechu López será el cuarto gallego en intentarlo. Para él será su tercer tentativa de subir a un ochomil y la primera vez que vuelva a la montaña con mayúsculas después de su rescate en el Manaslu, con cuatro dedos congelados.

Este ochomil de los denominados bajos, pero de extrema dificultad, ha sido objeto de deseo de los más grandes del alpinismo gallego. Por dos veces lo intentaron sin éxito los hermanos Martínez Novas. Los porriñeses lo hicieron en 1985 y en 1997. Entre medias, una expedición de Montañeiros Celtas en donde estaban figuras como Chito Veiga, Félix Criado o Chus Lago tampoco lo consiguieron en 1991. «Non o conseguiron polas avalanchas, de feito é o oitomil que ten menos ascensións, é un dos máis complicados e perigosos», comenta el protagonista de la cuarta tentativa. Sechu tiene como principal aval coronar el Gasherbrum II, de 8.035 metros.

El Annapurna es la montaña maldita. El alpinismo español todavía tiene presentes las muertes de Iñaki Ochoa de Olza o Tolo Calafat. «A estadística marca que de cada dez que suben, catro morren, o que fala da súa perigosidade, e algo para ter en conta, pero vou con xente con moita experiencia, eu tamén teño a miña, hai que ir co máximo coidado posible, pero a montaña non é matemática».

Sechu, que partirá de Vigo el 22 de marzo, sigue la estela de Carlos Soria, el alpinista septuagenario a quien el gallego profesa admiración. Por eso cambió su idea inicial y se enroló en la expedición al Annapurna, aunque sus compañeros serán el catalán Óscar Cadiach, con nueve ochomiles encima, y la asturiana Rosa Fernández, con seis.

En su plan de ruta, una vez llegado a Nepal, contempla una semana de caminata para llegar a la localidad de Mristi Khola, ya por encima de los 4.000 metros, sin descartar la posibilidad de realizar alguna ascensión a otra montaña menor para irse aclimatando a la altitud -siempre que no suponga un desgaste adicional-. En su cuaderno aparece el campo base de su aventura a principios de abril y a partir de ahí tres semanas de aclimatación antes de enfilar la ruta francesa, en la cara norte, que se subió por primera vez en 1950. La idea es montar cuatro campos a lo largo de la ascensión, el primero a 5.000 metros, el segundo 700 más arriba, el tercero por encima de los 6.500 y el tercero en los 7.100. De ahí, hasta la cima del Annapurna I. Si todo marcha bien, el 7 de mayo, como fecha límite, Sechu López debería ser el primer gallego en hollar uno de los míticos balcones del mundo. Sería su forma de conmemorar el 70.º aniversario de su club de toda la vida, el Montañeiros Celtas.

«Teño un programa previsto, que é chegar ao campamento base o 2 de abril e logo montar o campamento e empezar coa aclimatación e cando as condicións meteoróxicas sexan favorables e o corpo estea aclimatado, intenter chegar ao cumio», comenta. De entrada, la primavera es la mejor estación para abordar la ascensión, pero el riesgo de avalanchas sigue siendo muy alto, de ahí que no se pueda arriesgar lo más mínimo. El 19 de mayo espera estar sano, salvo y con otro ochomil a sus espaldas en Vigo.