Aprender de los errores


El principal acceso a la ciudad ha sufrido dos faltas: de previsión y de ejecución. La primera, al permitir levantar grandes zonas residenciales y de negocio sin garantizar su plena comunicación por carretera y saturando Alfonso Molina como única alternativa. Del mismo modo que no se permite construir sin el preceptivo boletín de instalación eléctrica, tampoco debería hacerse sin que se garantizasen previamente la movilidad y conexiones de la zona. El segundo error se cometió al no haber tenido en cuenta el muy preciso cálculo realizado en 1972 sobre la densidad de tráfico que este vial soportaría en 1990. Se sabía entonces que sería insuficiente y qué alternativas debían ponerse en marcha, pero la ejecución de las mismas llegó tarde y de modo incompleto. El mal está hecho, pero los miles de usuarios diarios de Lavedra esperan una solución. Un cuarto carril es posible e implicaría una reducción del ancho de cada carril que traería una moderación implícita de la velocidad. Aunque lo que deberíamos tener en cuenta de cara al futuro es que hacer las cosas bien en origen ahorra problemas y costes.

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