Crisis de autoridad y dejadez de funciones

José M. Vázquez Gómez

FIRMAS

Desde hace unos años, las autoridades políticas no mostraban apenas sensibilidad ante el problema de las drogas, dado que de pasar de un control importante sobre los narcotraficantes y todos los vendedores ambulantes se pasó a una dejadez que no tiene parangón con ningún otro control en temas tan graves como la drogadicción.

Este abandono denunciado desde hace tiempo no solo influye en la proliferación de personas que se dedican a vender drogas en los más diversos lugares a nuestros jóvenes, sino que, como consecuencia de ello, la sociedad está peligrosamente asumiendo como un fenómeno natural el problema de la droga pensando que este gravísimo problema no tiene solución. Si a ello le añadimos que «cuando nace un drogadicto muere una familia», el panorama es sencillamente demoledor.

Estamos dentro de una cultura que día a día, y como no se le ponga remedio, nos lleva a asumir, desgraciadamente, que las drogas van a formar parte de forma perpetua de nuestra vida cotidiana.

Vieiro siempre ha dicho que solución sí la tiene (por lo menos, evitar que siga creciendo tan rápidamente), lo que pasa es que por parte de los respectivos responsables tienen que ponerle un interés que redunde en la constancia y no en lo ocasional. Perseguir continuamente y con todas las consecuencias a todo aquel que trafique con drogas es algo tan natural como el hacer cumplir las leyes que tenemos vigentes. Pero, de un tiempo a esta parte, solamente se le pone algo de interés cuando hay por medio algún alijo de varias toneladas de drogas. Tenemos que insistir que los que hacen daño a las comunidades y pueblos son aquellos vendedores con un goteo diario que al final de mes venden varios kilogramos de drogas.

Estamos viviendo en la actualidad una crisis de autoridad y una dejadez de ciertas funciones vitales y necesarias para una buena salud y convivencia de las familias y de la sociedad. Se añora la constancia que antaño se ejercía sobre las drogas y parece ser que de una forma u otra tenemos que contentarnos con lo que tenemos.

Traficar con drogas es delito y debe reprimirse. La solución al problema criminal no es rendirse. Es como si alguien planteara que, en virtud de que no se pueden evitar los robos y atracos a bancos o disminuir los asesinatos, entonces legalicemos estas actividades y se resolvería el problema.

Hemos de dejar constancia de que se está vendiendo droga en las narices de todos con total impunidad y sin que nos vengan los colores a la cara. Se despachan y venden bebidas alcohólicas a menores y nadie se inmuta ni controla. Se están haciendo botellones sin que nadie le ponga remedio, con el consiguiente riesgo de que ello vaya en aumento. Los establecimientos que despachan bebidas alcohólicas cierran a la hora que les viene en gana. ¿Nos estamos acercando peligrosamente a lo que sucede en México, Colombia o Venezuela?

Las leyes están para cumplirse y en esta nueva etapa las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluidas las policías locales, cumplan con esa obligación que las leyes les exigen. No queremos oír las consiguientes disculpas para justificar que no se hace nada en este campo.