Victoria a los penaltis


Veintidós votos de diferencia sobre 956 delegados significa victoria de Rubalcaba a los penaltis. Lo que confirma este resultado, de entrada, es que en las dos últimas semanas Carme Chacón decía la verdad: era la ganadora. Había una pulsión de cambio que recorría toda España, incluso en territorios que se daban al principio como rubalcabistas, léase Valencia o algunas provincias andaluzas. Era un cambio confuso porque buena parte de los que querían huir del zapaterismo se aliaban con zapateristas sin disimulo como Leire Pajín, Tomás Gómez de Madrid o la propia Carme Chacón. Era un vuelco sobre las previsiones.

Pero al final, el pasado domingo una foto movió decenas de votos de delegados: Pérez Rubalcaba con Felipe González y Patxi López. Ahí había una secuencia que comenzaba por el presidente socialista con mayor prestigio, continuaba con Pérez Rubalcaba como hombre puente y apuntaba a lo que probablemente vendrá: Patxi López como sucesor del sucesor de Zapatero. Hoy todavía no es posible porque aún es lendakari. Perderá en marzo del 2013 en el País Vasco, porque difícilmente se podrá reeditar una alianza tácita con el PP que suponga mayoría parlamentaria frente al previsible acuerdo PNV y Amaiur. Entonces quedará libre para que continúe la operación socialista de recambio. Felipe, Alfredo, Patxi: setenta años, sesenta y cincuenta, respectivamente. El futuro es impredecible con seguridad absoluta a tres años vista, pero existen altas probabilidades, con primarias o sin ellas, de que el socialista llamado a enfrentarse en las urnas con Mariano Rajoy sea Patxi López. Eso está en el fondo del proyecto de la elección de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general.

Por si había dudas del significado de esa foto, Rubalcaba lo aclaró a 48 horas del congreso: «Patxi López conmigo será lo que quiera». Para los más despistados, y con su estilo nada elegante, Rodríguez Ibarra, como si estuviera en la barra de un bar, disparó: «Si nadie se ofende, Carme Chacón es como Zapatero con faldas». Había para ofenderse.

El reto ahora es triple: ante todo, recomponer la unidad fracturada en la extrema tensión del congreso. Eso ha comenzado ya la pasada noche con la confección de una lista que cicatrice heridas; después, resistir en Andalucía, tarea harto difícil porque treinta años de gobierno son demasiado y el candidato Griñán no es tan bueno como él mismo cree; y todavía, mejorar algo los resultados en Asturias aprovechando la segunda oportunidad concedida por el virrey Álvarez Cascos. Tres retos para seis semanas.

De ahí en adelante, oposición constructiva y recuperar a los militantes y votantes desencantados. El rector de una universidad de provincias que militó en su día en el PSOE forma parte de esa ingente masa de descreídos: «Nos dan a elegir entre Rubalcaba, que perdió por mucho, y Chacón, que perdió por bastante. No es serio. Renovación debería ser otra cosa, ninguno de los dos». Aún así, reconoce que se fía más del nuevo secretario general. La tarea pendiente de recuperación es inmensa. El zapaterismo ha quedado dibujado en la historia como un paréntesis en la secuencia de los gobiernos de Felipe González hasta la fotografía de sucesión que González propició.

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