Sus críticos la acusan de ser superficial, de no tener un proyecto político claro, carecer de conocimientos económicos y querer desmarcarse del zapaterismo cuando es un producto químicamente puro de él. En definitiva, fachada y mucho márketing. Una aspirante que se limita a prometer un tiempo nuevo, a decir que abrirá puertas y ventanas en el PSOE y a hacer gala de su condición de mujer. Pero Chacón ha demostrado que tiene olfato político además de ambición. Acertó al lanzar su campaña en la localidad almeriense de Olula del Río, donde nació su padre. Allí explicó su procedencia catalana, andaluza, aragonesa y castellana, es decir, una genuina representante de la España plural que tanto defendió Zapatero. De esa forma también evitaba ser identificada como catalana del PSC, lo que le podría haber restado apoyos en ciertas federaciones.
Gracias a que su adversario es Rubalcaba, la candidata puede decir sin sonrojo que representa la renovación o una nueva etapa porque ella misma también tiene detrás un largo currículo, que incluye la vicepresidencia del Congreso y los ministerios de Vivienda y Defensa. De lo que pocos dudan es que su campaña ha sido mucho más efectiva y mediática. Su ascenso día a día la ha llevado a aparecer incluso como favorita.
los dos candidatos