Un jugador del Alondras alterna el fútbol con las expediciones científicas
01 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Es habitual que en Tercera División los jugadores curtidos, los que ya están más próximos a la treintena que de la veintena, compaginen el fútbol con otros empleos, pero quizás el caso del delantero del Alondras Andrés Giráldez (Cangas, 1984), ingeniero técnico industrial de profesión, es el más atípico de Galicia. Trabaja en un departamento del Centro de Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y habitualmente se desplaza con las expediciones oceanográficas a lugares tan remotos del estadio de O Morrazo como la Antártida, de donde acaba de regresar. Durante algo más de dos semanas se vio obligado a dejar al equipo sin una de sus principales piezas en el ataque. No será la última vez en la temporada. Dentro de un mes se vuelve a marchar. Sin embargo, en esta ocasión, mucho más cerca de casa, a Gijón.
«El fútbol es mi pasión, pero está claro que no me da de comer», comenta el futbolista. «Por eso, mientras pueda continuar alternando esta dos actividades seguiré jugando en el Alondras», agrega. Ya lleva aproximadamente dos años así y para tratar de que sus cometidos en el CSIC lo aparten lo menos posible de un terreno de juego arregla el calendario: «Intento hablar con los compañeros para cuadrar los turnos de forma que a mí me toque viajar más fuera de la temporada, aunque nunca es posible librarse del todo».
No perder el tono muscular
Cuando le toca embarcarse, como en la última expedición por la Antártida, donde permaneció a bordo del buque Hespérides, realiza ejercicios para no perder el tono muscular. «Dispone -dice- de un pequeño gimnasio equipado con lo básico y allí siempre que tengo un hueco aprovecho para mantenerme en forma». Eso es cuando sus cometidos en el barco, referentes a la toma de datos y a la reparación de los equipos de medición, ya han terminado. A lo largo de los aproximadamente 15 días que duró su última aventura, los científicos que se encontraban en el Hespérides «se dedicaron a estudiar la influencia de las corrientes que nacen en la Antártida sobre los océanos». «Por lo que me iban contando, tienen una gran cantidad de nutrientes», relata.