«Me siento intimidada y con miedo»

xosé Carreira LUGO / LA VOZ

FIRMAS

Tenía unos veinte niños delante del suyo esperando, pero entendía que los cuarenta grados de fiebre que, al parecer, presentaba el suyo en aquel momento eran motivo suficiente como para que fuera atendido de primero en el servicio de urgencias de pediatría del Hospital Xeral. Por eso no dudó en atacar a la enfermera que le ordenaba que esperara turno, según el fiscal. Noelia C. J. provocó un grave altercado en el centro hospitalario y obligó a que un celador tuviera que defender de la presunta acometida a la enfermera. Ahora, la jueza decidirá la pena que ha de imponerle, después del juicio celebrado ayer. El fiscal quiere que sean dos años de cárcel y la acusación particular, tres.

El percance ocurrió sobre las once de la noche del 21 de diciembre de 2008. La mujer pretendía, señaló el fiscal, ser atendida con preferencia y sin esperar el turno correspondiente. La enfermera le dijo que esperara a que la llamaran pero la madre reaccionó de forma violenta. «Como el niño convulsione os voy a cortar la cabeza y os voy a matar», le dijo. Seguidamente, siempre según la versión de la acusación le dio un manotazo que provocó que le cayeran al suelo las muestras que correspondían a otros niños. Después le dio una patada en la entrepierna.

La acusada declaró que no se acordaba muy bien de lo sucedido porque estaba muy nerviosa pendiente de su hija de dos años. Recordó que anteriormente había sido atendida por una doctora que le dijo que si la pequeña seguía mal volviera y entrara directamente. Negó que le hubiera dado patada alguna a la enfermera.

La afectada explicó que la mujer le había escupido cuando le dijo que debía proporcionar datos de la pequeña. Tras relatar lo que le había hecho dijo que el hecho le había provocado una situación de estrés tal que tuvo que coger una baja. «Quería pasar por delante de 25 niños malitos», recordó la enfermera.

El letrado de la defensa dijo que la mujer en ningún momento le pudo haber dado la patada a la enfermera porque estaba embarazada y no tenía movilidad y, además, porque la trabajadora del hospital es mucho más alta que la denunciada. Asimismo, explicó que no creía posible que su clienta hubiese utilizado la palabra convulsionar. Pidió que, en caso de ser condenada, que se le aplicara la atenuante de arrebato.

La enfermera recordó a la sala que nadie podía entrar directamente, salvo que se tratara de un caso grave. «El niño estaba bien; si su situación fuera mala, pasaría de manera urgente. Aparentar gravedad es una táctica que suelen utilizar algunas personas para colarse, pero no cuela», dijo la enfermera.

«Tuve que coger la baja tras el incidente y me siendo intimidada y con miedo. En una ocasión fui señalada por la mujer en la calle», dijo la enfermera afectada. Lleva treinta años de servicio y nunca llegó a tener un percance como este. «Tuve episodios de amenazas y agresiones verbales que recibimos prácticamente a diario», contó al tribunal. En el exterior esta profesional denunció públicamente la situación por la que atraviesa el colectivo.