«Extremista», «mal gestor», «dispuesto a llevar al país a una confrontación nacional». Estos son algunos de los calificativos que el partido republicano dedicó a Barack Obama tras su esperado discurso del estado de la Unión.
El precandidato a la presidencia Mitt Romney dijo que el presidente «está alejado de la realidad» y lo acusó de decir en su discurso una cosa y de hacer otra durante su presidencia. Romney aseguró que Obama dibujó un panorama demasiado optimista sobre la situación económica y que está aplicando políticas equivocadas. «Tenemos un presidente que está lejos de la gente. Sus acciones son tan diferentes a lo que dice que la gente está sorprendida y conmocionada», insistió. También Gingrich acusó al presidente de «hablar de división porque así no tendrá que hacer nada hasta las elecciones».
Demócratas y republicanos compiten por hacerse con la clase media trabajadora, la única capaz de dar una victoria en las próximas elecciones. Obama lo hace embebido del espíritu de Ocuppy Wall Street que hace meses resuena con fuerza en las calles neoyorquinas. Dispuesto a dejar atrás el talante conciliador, centró su intervención en las desigualdades que, dijo, abocan a una gran parte del país a cargar con el peso del Gobierno, mientras una minoría disfruta de toda clase de beneficios fiscales. «Es hora de que los ricos paguen más» fue la frase que más repitió.
Los republicanos trataron de desmontar esta línea diciendo que las elecciones deben ser un referendo sobre «la mala gestión económica de Obama» cuyas políticas financieras «solo han conseguido empeorar la crisis», aseguró el gobernador de Indiana Mitch Daniels. A juicio de los republicanos, Obama trata de distraer a los votantes con políticas divisorias. «Estas elecciones deben centrarse en sus malas políticas económicas porque las políticas de la envidia y de la división no son lo que representan a América», aseguró el portavoz de la Cámara de Representantes, John Bohemer.
Lo cierto es que nadie en Washington espera que los meses que quedan hasta las elecciones sean fructíferos. Con el Capitolio partido en dos y el partido republicano cerrado en bloque a negociar, es poco probable que alguna de las propuestas presentadas por Barack Obama logre pasar el filtro del Congreso. Aún así si los republicanos quieren conseguir el voto de los independientes deberán ceder en algunos campos como, por ejemplo, la ley de creación de empleo que a estas alturas sigue languideciendo en el Congreso.