Hispania

Juan Luis Montero Fenollós PROFESOR DE HUMANIDADES

FIRMAS

Tras años de olvido, la fábrica Hispania ha vuelto a la actualidad. Si nadie lo impide, la vieja nave de la Fábrica de Lápices tiene los días contados. Es evidente que la situación actual de la antigua factoría es insostenible, por razones de seguridad e higiene. Pero como historiador y vecino de Ferrol Vello no logro entender el proceso de autodestrucción hacia el que camina la ciudad, maltratando de forma sistemática su propia identidad, aquella que le ha dado sentido social, económico e histórico.

En mi opinión, lo que está en juego es mucho más que Fábrica de Lápices sí o Fábrica de Lápices no. Lo que está en juego es el modelo de ciudad que queremos para Ferrol. Si lo que se desea es una ciudad orgullosa de sus señas de identidad y, en particular, de su historia, la fábrica debería ser indultada. Pienso en un modelo de ciudad volcado en la conservación de su rico patrimonio cultural y natural, entendido no como una reliquia fósil, sino como un elemento de dinamización turística y económica.

Nuestros vecinos asturianos han entendido muy bien el valor de lo que hoy llamamos «Arqueología Industrial», rescatando algo tan ligado a su historia como los pozos mineros. Asimismo, Cartagena me parece otro modelo paradigmático de ciudad patrimonial, que ha sabido reinventarse tras sufrir una profunda crisis, apostando claramente por el turismo cultural (patrimonio arqueológico y militar), su campus universitario y la diversificación económica. Por el contrario, Ferrol parece caminar sin rumbo por la senda de la supervivencia. La ciudad debe ser repensada como tal, pues potencial no le falta. Se hace necesario un plan integral de puesta en valor de su patrimonio ilustrado, industrial y natural, porque es precisamente en la conjunción de estos recursos donde reside lo excepcional de Ferrol como destino turístico.

Y dado que soñar es libre, sueño con una fábrica de lápices convertida en un Museo del Lápiz. Bastaría con salvar el módulo de la fachada, que no representa más que el 10 % del edificio. En Keswick, un pequeño pueblo de Gran Bretaña, lo han hecho. Es el «Pencil Museum», un espacio de dinamización educativa y turística, con más de 80.000 visitantes al año. Los lápices de Hispania, esos contadores de sueños, se merecen una oportunidad.