Pocos infractores protestan cuando son cazados por el radar de Tráfico.
21 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.P., de 38 años, tiene la mirada clavada en el volante. Está inmóvil, como su coche, un pequeño vehículo negro con el que subía a 90 kilómetros por hora en una zona limitada a 50. Espera mientras la pareja de Tráfico comprueba su carné. Se pregunta quizás de qué forma tonta acaba de perder 4 puntos del carné y 400 euros, la mitad si paga antes de quince días: «Me lo tengo bien merecido», contesta cuando le pregunto si le parece injusto: «Hay mucho loco por la carretera y hay que cumplir las normas. Yo estoy en horario laboral, haciendo visitas y... me he despistado».
Es la actitud habitual, confirman los guardias de Tráfico. Por muy doloroso que sea el hachazo, el conductor suele agachar las orejas y admitir la culpa: «Esto ha cambiado mucho -explica Alberto, un agente con 36 años de servicio y, según dice, más de un millón de kilómetros en moto-. La gente se ha sensibilizado con la velocidad de una manera que hace años no nos podíamos ni imaginar». El guardia habla desde el interior de un Mercedes que sería mucho más cómodo si no estuviera provisto de una aparatosa cámara y un portátil que controlan la velocidad en un tramo conflictivo de la N-VI entre A Coruña y Betanzos.
Alberto explica cómo funciona el radar. A través de un sistema de microondas, la cámara actúa en un ángulo de 20 grados, de manera que chequea permanentemente la velocidad del tráfico en ambas direcciones o en una sola, según decida su operador: «Es el mismo sistema que se lleva utilizando desde hace 20 años -explica Alberto-, solo que se ha ido mejorando, de la cámara analógica a la digital, el portátil...». Pese al intenso tráfico, el borde superior de la pantalla va desvelando todas las matrículas y la velocidad a la que circulan. Por encima de 71 km/h. pita, guarda una foto y tramita una denuncia. Sin piedad.
El primero en caer es un coche blanco que sube a 78 por hora. Pero la comunicación con la patrulla que espera un kilómetro más arriba falla y, cuando se restablece, el infractor ya se encuentra lejos de su alcance.
-Este se ha librado.
«De eso nada», aclara el guardia veterano: «La sanción ya está en marcha, solo que el conductor no lo sabe. Aunque mucha gente lo piense, esto no se hace para recaudar. Se trata de una labor aleccionadora. Preferimos comunicárselo inmediatamente al conductor para que se dé cuenta de que estaba infringiendo las normas y que lo tenga presente durante el resto del viaje».
Pitidos constantes
Alberto sospecha también que muchos conductores ya pueden darse cuenta de que hay un radar cuando ven el Mercedes estacionado en el sentido contrario de la marcha, como una especie de aviso que reforzaría ese carácter más aleccionador que codicioso. Pero el radar dice lo contrario. Y los pitidos son casi permanentes en cuanto se activa el dispositivo. Pip... pip... Euros y puntos que vuelan; lecciones de educación vial que, atacando al bolsillo del infractor, han germinado en una reducción inaudita del número de víctimas en carretera.
Alberto, que lo ha vivido todo en la evolución del tráfico y ha pasado por tragos que prefiere no recordar, lo tiene claro: «Ha habido varios cambios en todos estos años, pero el más importante ha sido el carné por puntos. Y le digo que para nosotros es muy satisfactorio salir hoy en día a la carretera y ver cómo está el tráfico».
Sin excusas
El guardia veterano recuerda excusas de todo tipo por parte de los conductores frente a la evidencia de la infracción, pero hoy en día apenas escucha alguna: «Es más fácil que alguien niegue por ejemplo que iba hablando por el móvil, pese a que lo has visto claramente. Con la velocidad, eso ya no pasa. Como mucho te dicen que se han despistado». Asegura el guardia que la mayoría de las infracciones son despistes, conductores que superan el límite unos pocos kilómetros más de la velocidad que provoca la sanción. Y así es en el interior del Mercedes, donde rara vez los pitidos señalan una velocidad por encima de 90.
Arriba, en la curva del dolor, un joven de 20 años reproduce la imagen de la vista extraviada. «Vas sempre pensando que non van estar, que non van estar, ata que un día están», se lamenta. Aunque, como la mayoría, no tiene nada que decir: «Fíxeno mal. A sinal é clara e non lle fixen caso». Le tiemblan un poco las manos cuando el guardia le devuelve el carné. Me dice que sí trabaja. Gana 840 euros y la multa serán 150 si la paga pronto: «Agora mesmo vou a pagala».
-¿Te lo mereces?
-Dende logo que o merezo. E aínda tiven sorte de que iba a oitenta. Se me collen a oitenta e un, quítanme dous puntos máis.
«La gente se ha sensibilizado de un modo que no nos podíamos ni imaginar»
Por encima de 71 kilómetros el radar pita, saca una foto y denuncia. Sin piedad.