Una joven de 13 años fue la pieza clave para desenmascarar al maltratador de San Pedro de Mera. Harta de que su padre, al que algunos vecinos ya conocen como «o terror de Mera», la agrediese a ella, a su hermana y a su madre, llegó a plantarle cara. El día que la golpeó con la rebarbadora, el 11 de agosto de 2010, simplemente porque no entendió lo que le pedía cuando montaba una estantería, consiguió escapar y poner a salvo también a su familia. Ese día puso fin a muchos años de maltrato y terror, nada menos que veinte para su madre.
Antonio Corredoira López, el maltratador de Mera, está ahora en la cárcel, tiene por delante una condena de algo más de siete años. Debe hacer frente a elevadas indemnizaciones, pero de momento no pagó.
Parece que el terror para la esposa de este hombre y las pequeñas comenzó cuando estas residían en Mallorca. Allí Corredoira ya tuvo problemas con la justicia y, quizás, por eso optó por venirse a Lugo con su familia porque aquí tenía parientes.
La huida de la muchacha de 13 años, su hermana y la madre de ambas forma parte de un capítulo de una novela terrorífica. Tras ser atacada con la rebarbadora, salió corriendo para esconderse de su padre. Este, vara en mano, la buscó insistentemente gritándole que la iba a matar. A las pocas horas, a la pequeña no le quedó más remedio que plantarse ante su padre quien la atacó con una larga y gruesa vara de madera. La joven consiguió escapar y esconderse en el exterior de la casa.
La hermana, al escuchar los gritos de la menor, acudió en su auxilio, pero su padre trató de atacarla con la vara, sin embargo no lo consiguió. Fue en ese momento cuando la esposa de Corredoira pudo escapar a toda prisa con su hija, juntándose en el exterior con la más pequeña que estaba escondida.
Al parecer, las mujeres huyeron descalzas monte a través durante unos cinco kilómetros. Por el camino consiguieron llamar por el teléfono que tenían escondido a unos amigos que las fueron a rescatar en un coche a la carretera de Friol. Desde allí fueron al hospital para recibir asistencia. Supuestamente, el personal sanitario tuvo que esconderlas porque el padre, presuntamente, acudió al centro. Allí fue detenido.
El maltratador de Mera pasó años y años atacando a los suyos sin que nadie, absolutamente nadie, pusiera coto. Ni los servicios sociales, ni las cuerpos y fuerzas de seguridad, ni los profesores de las jóvenes... La policía acudió en alguna ocasión a la casa, que por cierto se encuentra bastante aislada del núcleo de población más próximo.
La primera vez que acudieron, los agentes, volvieron como habían ido. De manos vacías. Quienes estaban en la casa dijeron que no pasaba absolutamente nada y que ellos, en ningún momento, habían llamado para denunciar nada. Era mentira, había llamado una de las hijas, pero ante el clima de terror que le había infundido su padre, se echó atrás.
La madre de las niñas estaba totalmente anulada como consecuencia de las múltiples agresiones de su marido. Era incapaz de denunciar. Los vecinos apenas la veían porque él controlaba sus salidas. Parece que nunca consiguió ir sola a Lugo. Cuando pisaba la ciudad lo hacía bajo el control absoluto de su marido. No podía ni tan siquiera levantar la vista, según algunos testimonios. En esas condiciones de sumisión total y absoluta no podía decirle a nadie lo que le estaba sucediendo.
Al parecer, la esposa del ahora encarcelado en veinte años nunca consiguió llegar a la casa de su madre, que reside en Lugo. Lo logró, según diversas informaciones, después de haber conseguido escapar de su agresor y de que este fuese detenido por la policía.
La situación psicológica en la que quedó esta mujer es, en opinión de algunas personas que la conocen, muy mala. Incluso en una ocasión se perdió en el medio del monte durante varias horas.