Dele las gracias a Angela


lvídese, ni Rajoy ni su plan de ajuste han tenido nada que ver con la subasta de deuda pública de ayer. Si quiere saber de dónde vienen estos lodos tan maravillosos ubíquese en el 21 de diciembre del pasado año. Ese día el BCE abrió el grifo y ofreció barra libre de dinero a toda la banca europea. Les otorgó cerca de medio billón de euros a un miserable 1 % ¿Y qué hicieron los bancos con ese dinero? Lo volvieron a dejar en el BCE en espera de algún negocio a corto plazo y bajo riesgo. Esto es como quien abre la cocina para dar de comer al mendicante y descubre que el pobre mendigo, después de llenar todas sus alforjas de comida, ni la prueba. Si le preguntasen la razón y fuera sincero, contestaría: «Lo guardo para cuando tenga hambre y el resto lo venderé». Ayer nuestros bancos usaron una ínfima parte del dinero prestado por el BCE para adquirir deuda a medio plazo, a una fecha de vencimiento muy similar a la que se la han dejado a ellos.

Ahora cabría preguntarse por qué el BCE ha sido tan generoso ¿Le preocupaba nuestra prima de riesgo o nuestra salud financiera? En absoluto. Hubo que esperar a que el Tesoro alemán se encontrase ahogado para que el BCE moviese su testaruda e ineficaz política monetaria. ¡Ya está bien! Hoy en España cunde el optimismo y suben las bolsas porque Alemania en noviembre no pudo colocar el 100 % de sus bonos. Podrían subir el interés como hemos hecho nosotros cien mil veces. Pero no, si llueve sobre su cabeza van corriendo a comprar un paraguas king size y si es sobre la nuestra nos llaman imbéciles por salir a la calle los días de lluvia. Ayer hemos sabido lo bonito que es vivir bajo un paraguas, pero sepan ustedes que no es el nuestro, es el que Angela Merkel mandó abrir ante las primeras gotas de agua sobre su cabeza.

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