Les Luthiers se sientan en el diván. Preparar una tesis sobre Mastropiero lleva a Daniel Rabonovich a la consulta de su psicoanalista, Marcos Mundstock. Las sesiones entre este dúo de actores, cuyos diálogos históricos constituyen la seña de identidad del grupo de humoristas argentinos, son el eje argumental de Lutherapia, su espectáculo número 33. El quinteto visitará en marzo A Coruña (del 15 al 18) y Vigo (del 20 al 24) con una de sus últimas creaciones instrumentales, el bolarmonio. Asegura Mundstock que este es uno de sus mejores espectáculos de los últimos años: «Nos ha salido redondo».
-¿Qué es «Lutherapia»?
-Es un espectáculo de canciones nuevas que tiene la particularidad de que, antes de cada canción, en lugar de las presentaciones habituales, hay un tratamiento de psicoanálisis entre el paciente, Daniel, y yo, que soy su psicoanalista. Entre número y número, él me cuenta lo que le pasa y yo hago interpretaciones, con muy poco rigor, por cierto. El último número se llama El día del final, exorcismo sinfónico-coral, sobre unos monjes que tienen las profecías de Nostradamus.
-Muy apropiado para este 2012 apocalíptico.
-Este número no tiene nada que ver con los mayas, habla de otra serie de tonterías. Es una cofradía de monjes que guardan la profecía de Nostradamus y su supuesta solución, que dice «abrir solo en caso de fin de los tiempos».
-¿Cree que está el mundo para bromas?
-El humorismo como fenómeno social y cultural no tiene nada que ver con estar bien o mal. Es un hábito, como comer. La gente sigue haciendo su vida igual que en tiempos de bonanza, sigue comiendo, estudiando y odiando y amando. Nos reímos igual que siempre, ni más ni menos.
-Hablando de psicoanálisis, ustedes mismos se sometieron desde el principio a terapia de grupo para sobrevivir.
-Elegimos eso como una manera de facilitar la convivencia y la productividad. Y fue útil, porque un grupo como el nuestro, que por entonces éramos siete miembros, tiene, como todo el mundo, discrepancias y es importante minimizar sus efectos adversos, aceptar las diferencias. La prueba está en el tiempo que llevamos juntos, produciendo y llevándonos razonablemente bien, como una familia normal.
-Vamos, que lo recomienda para el trabajo en equipo.
-Mal no puede hacer. Las psicoterapias son difíciles de evaluar, porque no sabemos cómo estaría el paciente sin el tratamiento. En nuestro caso, fue muy bueno. El hecho de sentarse una vez por semana a ver qué nos pasa, a corregir lo que no nos gusta, ya es positivo. En todo grupo se necesitan buenas normas, incluso para discrepar. Y, como buenos argentinos, somos adictos a la psicoterapia. Uno de los primeros espectáculos, Blancanieves y los siete pecados capitales, era un antecedente de este, una sesión entre un psicoterapeuta y Blancanieves. Y, por cierto, el terapeuta también era yo...
-Siempre le toca imponer cordura...
-Algo así. Mi personaje se cree que es la parte seria, pero dice las mismas barbaridades que los demás...
-Este año, Les Luthiers cumplen 45. ¿Qué balance hace?
-Lo que nos ha pasado es un milagro. Creo que somos muy buenos y hemos trabajado bien, pero cuando esto tiene tanta repercusión se convierte en un hallazgo inesperado. Hemos descubierto una mina de oro, es una suerte, una bendición, hacer reír a la gente. No solo nos aplauden, sino que nos quieren. Además del renovado placer de cada función. A diferencia del teatro dramático, aquí cada veinte segundos hay una carcajada.
marcos mundstock miembro de les luthiers
«En todo grupo se necesitan buenas normas, incluso para discrepar»