El colegio Luis Vives, un referente de la docencia en Pontedeume: «Apostamos por la diversidad y la inclusión»
PONTEDEUME
Robustiano de Castro Carballeira fundó en 1952 este colegio, que hoy tiene 125 estudiantes repartidos en grupos reducidos
15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En 2003, cuando alcanzó el medio siglo, el CPR Luis Vives contaba con 200 estudiantes, casi el doble de la matrícula actual, con 125. Robustiano de Castro Carballeira (Xermade, 1914-Pontedeume, 1992), diplomado en Magisterio y licenciado en Ciencias Químicas, «gañou a praza de depositario no Concello de Ferrol e puxo en marcha este colexio, inspirado na política de becas, gratuidades e de axuda aos menos pudentes», según figura en una reseña de la Universidade de Santiago de Compostela. Aquel maestro apasionado de la enseñanza había empezado con una academia, donde hoy está la biblioteca municipal eumesa. Agustín López, exalumno y profesor jubilado del centro, cuenta que el colegio «se inauguró en el curso 1952-1953; abarcaba la zona de Betanzos, Fene, Barallobre... salían muchos autobuses de aquí». Él entró en 1961, en Bachillerato, y en 1969 se construyó una residencia del otro lado de la actual avenida Ricardo Sánchez, donde ahora está el centro de salud, que pasó a ser el colegio masculino, mientras el edificio original quedó para las niñas. Aquel segundo inmueble, que funcionaba como internado, acabó en manos del Ministerio de Educación y Ciencia, en 1978, «y pasó a ser el primer instituto público de Pontedeume».
Poco después, en 1981, un grupo de profesores del centro formaron una cooperativa, que adquirió este centro privado concertado y laico. Hoy es propiedad de nueve enseñantes: siete ya retirados, uno prejubilado y el director y administrador de la sociedad, Francisco José Rivas Cid, un eumés criado en Mallorca que lleva 29 años en el colegio. «Es pequeño porque queremos que sea pequeño, y la gente viene porque son grupos reducidos, de 12 a 16 menores por aula, para garantizar la inclusión de todo el alumnado», explica. Cuenta con 18 profesores, que se ocupan incluso del servicio de transporte, «puerta a puerta (cuesta 60 euros al mes)», con las furgonetas. El 60 % de los estudiantes son de Miño, con un centro público saturado, como certifican Rocío Freire, tesorera del Anpa, que se ha creado este curso, y Esther de Andrés, miembro honorario de la asociación, las dos del municipio vecino. El resto son niños y niñas de Pontedeume, Cabanas, Monfero e incluso de Sada o Ferrol. Este curso, el centro imparte Primaria y Secundaria, y el que viene recuperará la enseñanza Infantil, con demanda gracias al programa de conciliación implantado, con servicio de madrugadores, comedor y actividades extraescolares.
El director, que da clase de Matemáticas, destaca la implicación del equipo docente. Hipólito Fariña, naronés nacido en Betanzos, desarrolló aquí su carrera como profesor. «En educación hay alumnos excelentes y alumnos con necesidades especiales, que ahora tienen nombre (TDAH, TEA, altas capacidades...) y que antes no. Suspendían y los mandaban aquí, y te volvías loco, aplicando tiempo y cariño. Cuando conseguías que salieran adelante no les estabas regalando nada —aclara—, sino que detrás había un esfuerzo impresionante del profesorado y de las familias, a las que en otros centros no tenían en cuenta. Aquí estábamos de 9 a 21 horas, con clases hasta las 17.30 y luego refuerzo y actividades, y salidas deportivas el fin de semana». Él está prejubilado. «Aquí apostamos por la diversidad y la inclusión», remarca la naronesa Pilar Vidal, Pili, una de las maestras más estimadas. «Entré en 1989 y siempre hemos querido que este colegio se proyecte fuera, en el entorno social, y muchas de nuestras actividades van encaminadas a que se conozca. Fuimos el primer cole en Pontedeume que sacó el carnaval a la calle, disfrazados en comparsa por el pueblo», relata.
«Aquí contamos todos, alumnos, profesores y familias, y tratamos de ayudarnos entre todos, con compañerismo y con respeto. Es lo que intentamos potenciar con ayuda del departamento de orientación [con dos profesionales] y con una metodología muy individualizada», subraya Pili. El Anpa comparte «esa educación flexible, abriendo las puertas a los niños para interactuar con su medio».