Sandra de Castro, transexual desde los 45: «Todo se trata de que la gente respete»

La OMS acaba de eliminar la transexualidad de la lista de enfermedades mentales

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Pontedeume

Mira al piano con cariño. Se sienta, coloca sus manos sobre las teclas e interpreta uno de los tantos temas que conoce. La música es para Sandra de Castro (Pontedeume, 56 años) un pilar importante, que también estuvo en el momento en el que su vida pudo, por fin, dar un vuelco. «El tránsito fue, realmente, un momento dulce para mí, después de tanto tiempo con la conciencia clara de que mi identidad de género era femenina y no la que, en base a mi genitalidad, se me asignó al nacer. Siempre fui mujer», cuenta. No fue hasta los 45 años cuando decidió dar el paso e iniciar el cambio, que por las ganas que tenía, «no fue nada duro».

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de anunciar la futura despatologización de la transexualidad, es decir, su retirada del listado de enfermedades mentales, aunque sigue siendo definida como «incongruencia de género». «No tiene sentido que cuando tu vida alcanza una congruencia sea incongruente», rebate Sandra, que, no obstante, cree que «empieza a despertarse una conciencia de género en medio de esta sociedad machista». «Parece que ahora hay más transexuales, pero no, hay los mismos que antes, pero lo vivimos de forma más abierta. Todo se basa en aprender que la naturaleza es diversa. Cuando eso se asimile, no habrá que hablar de inclusión, sino de convivencia. Mientras tanto, hay que seguir visibilizando», reflexiona.

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Sandra vivió una infancia y una adolescencia de «mucha soledad e incomprensión», de cara al exterior y consigo misma. En una época en la que España estaba intentando salir a la luz, faltaban referentes. «Intentaba reafirmarme, quería estar a gusto, encajar siendo un niño, pero no lo era. Sabía que era lo contrario a mis hermanos y a mis amigos, y tampoco me sentía un homosexual, sino una mujer heterosexual. Me daba cuenta de que algo no concordaba. Tuve una confusión mental que, afortunadamente, poco a poco se fue despejando», explica. La primera vez que leyó sobre la transexualidad, en una revista, recuerda que se definía como «perversión», vinculada a la noche y a la oscuridad. Eso le hacía vivir sus sentimientos reales de manera «algo oculta».

Para solucionar ese «cacao» mental, esta eumesa acudió a una sexóloga a los veintipico, pero no le solventó nada e incluso fue a peor, así que todo continuó igual. No fue hasta los citados 45 cuando se planteó que era el momento y empezó a hormonarse, primero por sí misma y más adelante con la ayuda de una endocrina. El tránsito duró dos años. «Como se suele decir, una vez tienes pechos, ya te has posicionado socialmente. Aunque al final, todo se trata de que la gente te respete, porque he seguido siendo la misma persona», comenta. 

«Apenas sentí rechazo»

Pontedeume es un municipio pequeño, de unos ocho mil habitantes, pero eso no ha sido problema para Sandra, que siempre se ha sentido muy arropada por sus vecinos. «Apenas sentí rechazo. Y cuando alguien me dice alguna estupidez, se lo permito una o dos veces, pero a la tercera le retiro la palabra», deja claro, aunque al final, ha visto «lo bien» que la trata el mundo y se ha sentido «mucho mejor».

«Hay la misma gente transexual que antes, pero ahora lo vivimos de forma más abierta»

A pesar de que se considera una transexual freelance, que va por libre, la eumesa colabora con instituciones, universidades y alguna asociación, como Chrysallis, que engloba a familias de menores transexuales. De hecho, muchos jóvenes se han apoyado en ella como ejemplo, con el fin de que encontrar esas respuestas a veces tan complicadas. «En mi juventud no había ninguna asociación para ayudarte, por eso no quiero que eso ocurra ahora», considera. Eso sí, cree que en la sociedad actual, como mujer «todavía tienes que demostrar y prepararte el doble», y como mujer transexual, «el triple».

Antes de despedirse, Sandra vuelve a sentarse, para la fotografía, en el piano, desde el que enseña y comparte música. «A estas alturas, me parece increíble haber vivido otra vida», resume.

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