Aquellos que, tras las ferias medievales, no hayan saciado su sed histórica, pueden ver en Pontedeume una de las más importantes fortalezas gallegas. Conocido en su tiempo como Alcázar de los Andrade, atravesó distintas fases.
Según los registros, el castillo original se edificó sobre un baluarte más antiguo, que databa del siglo XXII. Estos terrenos pertenecían a los monjes de Sobrado, quienes prohibían la construcción en ese lugar, aunque finalmente el conflicto se resolvió con la intervención de Juan I, amigo de los clérigos, y un pago mensual de 10.000 maravedíes.
Más tarde, durante la época de la primera revuelta irmandiña, fue atacado por Alonso de Lanzós. Y aquí comenzó la leyenda del castillo. Nuno Freire, reputado tirano y amo por aquel entonces de la fortaleza, capturó al agresor, pero no contento con eso decidió cortarle una mano y condenarlo a pasar cien días encerrado en una lúgubre celda. Por si esto no era suficiente, creyó que el final más apropiado era enterrarlo vivo en uno de los muros del castillo. Y así lo hizo.
La siguiente fase tuvo lugar durante la segunda revuelta, cuando la edificación fue destruida por completo. Aunque fue reconstruido poco después, al pasar a manos de la casa de Lerma, sufrió una nueva restauración, más completa, en el siglo XIX, esta vez por orden del dueño del momento: el duque de Alba.
El resultado actual es un castillo que se alza, dominante, sobre una gran roca, robusto e imponente gracias a los densos bloques de sillería que lo forman.
Geolocalización: 43°23?29.6?? N 8°07?56.5??W