Observadores del paso del tiempo

PONTEDEUME

Son observadores estáticos del paso del tiempo, de cómo ha evolucionado la comarca y, sin más remedio, se han acostumbrado a convivir rodeados de carreteras y cables de alta tensión. El tejo centenario de Pontedeume ha sido protagonista de novela, escenario de un banquete de la segunda República y confidente de secretos de Estado de los políticos que debatieron bajo su sombra. Es habitable. El último piso del árbol es un mirador inigualable sobre la desembocadura del Eume en la ría. Su longevidad le empieza a pasar factura, y en los últimos meses ha sido amenazado por el ataque de unos insectos chupadores, que son los responsables del secado y caída de un número importante de hojas. El eucalipto centenario de A Lagarea, en la entrada a la villa de Ortigueira, es otro árbol con historia de la comarca. Ha resistido la construcción de dos carreteras, que lo cercan en la actualidad, pero que nunca lo han derribado gracias al apego que los orteganos tienen a este ejemplar. Se encuentra situado en una pequeña área recreativa con una fuente, muy visitada por los vecinos. Los magnolios de los jardines de Herrera o los camelios de Mañón son otros significativos ejemplares, que con las arrugas visibles en su corteza atestiguan años de existencia.