Las ganas de vivir de un centenario

Manuel Fernández Coello sobrevivió a la Guerra Civil y a la posguerra, y ahora quiere llegar al 4 de junio de 2018 para celebrar los 75 años de matrimonio


ORTIGUEIRA / LA VOZ

«Quería emigrar a América [siguiendo la estela de sus abuelos, su padre y sus hermanos] y decidí hacer el servicio para liberarme. Entré de voluntario el 1 de julio del 36, con tanto acierto, que el 18 estalló la guerra», contaba Manuel Fernández Coello hace año y medio. Nació en Ribeiras do Sor (Mañón) en 1917 y a los cuatro años su familia se mudó a Ortigueira, donde vive. Sobrevivió al hundimiento del Castillo de Olite por parte de las baterías republicanas, frente a la costa de Cartagena, el 7 de marzo de 1939. Y ahora, centenario, observa con especial inquietud lo que está ocurriendo en Cataluña. «Imos acabar coma no ano 36, así empezou todo», le repite a su familia de manera insistente.

Al acabar la contienda civil, Coello, como le conocen en la zona, regresó a Ortigueira y se hizo cartero, profesión que compaginó hasta la jubilación con el trabajo de agente de seguros -los domingos y los días libres recorría la comarca en una bicicleta BH y llegó a tener a la mayoría de los asegurados del entorno- y comercial de vino de Ciudad Real y jabón. En 1943 se casó con Lila Fraga Prieto, que le acompañó, junto a sus tres hijos, sus cinco nietos y sus seis bisnietos, en la celebración del centenario, el 9 de septiembre. La conmemoración empezó con una misa en la iglesia parroquial y siguió a la mesa del restaurante Planeta, en Espasante. «A ver se chego a cumprir os cen», solía decir. Y los cien le han sorprendido en plena forma. Lee a diario La Voz de Galicia y, aunque el oído responde cada vez peor, no quita ojo al televisor. «Come de todo y todo le sienta bien, ya quisiera yo... Sale a pasear, va al banco a buscar dinero...», cuenta su hija Olga. Ahora ansía alcanzar el 4 de junio de 2018, cuando se cumplirán los 75 años de su matrimonio con Lila, que el mes que viene alcanzará los 95. «Tocoume bailar cunha rapaciña moi ben bailadora e moi boa administradora», recordaba en una entrevista con este periódico.

Manuel vivió con enorme alegría la fiesta de cumpleaños, rodeado de toda su familia, repartida entre Ortigueira, Viveiro y A Coruña. El regalo de sus nietos, un marco digital con fotografías que repasan la vida del abuelo, le causó especial emoción. «Es genial poder vivir estando así, pudiendo disfrutar de los nietos y los bisnietos», destaca Olga.

Con una memoria extraordinaria, Coello recordaba la durísima crisis de posguerra: «No había azúcar ni pan, nos fuimos arreglando, comprábamos harina al molinero y el aceite de estraperlo, y la huerta [...]. En Correos estaba muy bien, no teníamos mucho dinero, vivimos sin riquezas pero nos defendimos bien».

«No tengo ganas de morirme, pero sé que aquí no queda nadie», comentaba a los 98 años y medio. A los 100 sigue encarando «las diez de últimas» con ilusión y sin olvidar episodios terribles, como el vivido en Teruel: «Era invierno, malísimo... Estoy vivo de milagro, solo con el capote durmiendo debajo de la nieve, fui muy fuerte, muchos sufrieron amputaciones de brazos y piernas por congelación y las balas del enemigo». En Cartagena, donde murieron 1.476 hombres, según las cifras oficiales, nadó hasta la playa. Había aprendido en el río Sor, en Ribeiras.

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