El gusto por trabajar la madera

Victoria Díaz / Ana de Antonio FERROL/LA VOZ.

ORTIGUEIRA

Además del proyecto de final de curso, los alumnos del ciclo formativo de Ortigueira han construido este año con sus propias manos la embarcación «Brouchiña I»

20 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Muchos de ellos llegaron el primer día a clase sin mucho entusiasmo, pero con el tiempo el oficio les ha gustado tanto que ahora creen que son pocas las horas que pasan allí. Son los alumnos del ciclo formativo de madera del instituto de Ortigueira. Los responsables de que ahora les haya entrado el gusanillo -los profesores Luis Beceiro, Juan Santalla y Alberto Gallego- lamentan que es ya el único ciclo que sobrevive en la villa: los demás desaparecieron por falta de alumnos. El de madera, sin embargo, ha ganado seguidores con esto de la crisis, pues solo del curso pasado a este se ha duplicado el número de participantes, de seis a doce.

Tras terminar los dos años del ciclo formativo, los alumnos hacen prácticas en alguna empresa y lo cierto es que el 90% consigue quedarse. En carpintería, explican los profesores, antes de la crisis se contrataban a más personas y casi sin formación, porque aprenderían con el tiempo alguna de las funciones. «Pero ahora las cosas han cambiado, si contratan a alguien es a una persona que sepa hacer de todo. Y de aquí salen con muy buena formación», explica Beceiro.

Cuatro metros de eslora

Con el remate de curso, además de su trabajo final, los alumnos del taller de madera han construido una embarcación de más de cuatro metros de eslora cuyo modelo ha sido sacado de Internet. Elaborado con materiales de última generación -resistente contrachapado marino maleable que se cubre de fibra de vidrio permitiendo un acabado artesanal impermeable y ligero-, la embarcación bautizada como Brouchiña I fue botada esta semana, después de ser expuesta en el tradicional mercadillo de Ortigueira. El nombre del bote hace alusión a una frase que solía decir otra alumna, la madrina de la embarcación, cuando encontraba algún fallo: «Fáltalle unha brouchiña».

Por su parte, el instituto de Ortigueira se ha beneficiado de este taller con obras como las estanterías vitrina de la biblioteca, de considerables dimensiones; el mobiliario de la cafetería; la oficina de dirección; y otras dependencias, así como distintas puertas de diseño y ventanas. De igual modo, en ocasiones se exponen muebles de dormitorios y armarios de diseño tradicional combinados con otros más vanguardistas.