Los otros «inquilinos» de Mougá

NARÓN

Camino Ferrero, la veterinaria del centro, con la gallina Caponata, que fue hallada muy enferma en una calle de Fene hace tres meses
Camino Ferrero, la veterinaria del centro, con la gallina Caponata, que fue hallada muy enferma en una calle de Fene hace tres meses CESAR TOIMIL

Además de acoger a perros y gatos, en los últimos años el refugio de animales ha dado cobijo a muchos caballos, burros, gallinas, cabras, ovejas, hurones y hasta un zorro

04 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Junto a más de un centenar de perros y gatos, estos días también encuentra cobijo en el refugio mancomunado de animales de Mougá una gallina a la que el personal del centro ha bautizado como Caponata. «La encontraron hace tres meses muy débil en una calle de Fene. Pesaba muy poco y tenía una infección en la boca tan grande que no podía ni abrir los ojos debido a la inflamación. Tras una cura antibiótica, ahora ya está mucho mejor y pronto se irá de aquí, porque ya hay una persona interesada en adoptarla», cuenta la veterinaria del centro, Camino Ferrero.

Caponata es el último caso de un tipo de inquilino que no encaja con el perfil tipo de los animales que acoge el refugio de Mougá -fundamentalmente, perros y gatos-, pero al que no por ello se le cierran las puertas. Desde el año 2014, cuando la empresa Tragsatec se hizo cargo de su gestión, por las instalaciones han pasado medio centenar de equinos -entre caballos, burros y ponis-, además de un buen puñado de gallinas, ovejas, cabras, conejos, hurones y hasta un pavo real, un pato mudo y un zorro.

Según explica Ferrero, algunos de ellos acabaron en las dependencias del refugio tras haber sido abandonados a su suerte por unos dueños sin demasiados escrúpulos. «Fue lo que les pasó a los conejos; seguramente alguien los compró como mascotas y, como estos animales requieren unos cuidados especiales, pronto se cansó de ellos y decidió abandonarlos», anota la veterinaria de Mougá.

Otros casos se corresponden con animales de granja que, al no resultar ya productivos para sus dueños, fueron liberados y terminaron deambulando perdidos por algún camino o calle, como le ocurrió a la gallina Caponata.

Lejos de lo que cabría imaginar, dar con alguien que se decida a adoptar a este tipo de animales no resulta especialmente complicado. Lo demuestra el caso de la propia Caponata, que ya tiene garantizado un hogar en una casita con campo de Narón. O el protagonizado recientemente por la cabra Hortensia y la yegua Susi, otras dos inquilinas de Mougá que consiguieron ser adoptadas poco tiempo después de entrar en las instalaciones: la primera, por un vecino de Covas, mientras que la segunda encontró un hogar de la mano del músico Davide Salvado. «Las ovejas tampoco tienen problema, porque son muy buenas y tranquilas y mucha gente las adopta porque al pastar mantienen a raya el césped y al mismo tiempo abonan el terreno», explica Ferrero.

Aumentan las donaciones

Afortunadamente, tampoco faltan personas dispuestas a dar un hogar a los perros y gatos que encuentran refugio en Mougá. «Estamos muy contentos, porque en el año 2017 las adopciones aumentaron y los abandonos disminuyeron», cuenta satisfecha Ferrero.

¿Dónde reside el secreto de ese éxito? La veterinaria considera que el boca a boca ha hecho mucho, ya que mucha gente que quedó contenta con el trato recibido en Mougá animó a otras personas a seguir su ejemplo y adoptar. «La gente por fin se ha dado cuenta de que esto no es un campo de concentración y exterminio de animales», advierte Ferrero. Al revés, en Mougá los que están enfermos reciben tratamiento o son sometidos a cirugía si así lo precisan. Y los que son adoptados se entregan desparasitados, vacunados y con microchip por solo 21 euros.