Hacer la colada fuera de casa se pone de moda en la comarca

NARÓN

A pesar de su reciente implantación, las lavanderías autoservicio se están convirtiendo en algo imprescindible

09 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Si la lavadora se estropea ya no hay que echar mano de los pilones para lavar -muchas viviendas ya no lo tienen- y si llueve no es necesario recurrir a las estufas para secar la ropa. Las lavanderías autoservicio, de reciente implantación en la comarca, permiten lavar y secar en menos de una hora, resolviendo un problema de muchas familias que carecen de un espacio adecuado para tender la ropa.

Estos nuevos negocios están en auge y la gente ya casi no podría prescindir de ellos. Así lo indica María López, una vecina de Narón con dos hijos pequeños que trabaja de lunes a viernes y aprovecha los fines de semana para hacer la colada en la lavandería ubicada en la avenida de Santa Cecilia. «Tiene la ventaja añadida de que la ropa queda muy esponjada y si la doblas al salir de la secadora ya casi no necesita plancha», señala esta usuaria, que en su vivienda solo cuenta con un tendedero exterior que en invierno no le hace mucho servicio.

A Lupe Souto, vecina de Ferrol, la encontramos a media mañana de ayer en la lavandería de la calle San Amaro. Era la primera vez que hacía uso de este servicio y estaba lavando unas mantas y un edredón. «Estas prendas no caben en mi lavadora y antes tenía que recurrir a la tintorería, que es más cara», dijo, añadiendo que las alfombras también se las limpian en el mismo centro de lavado, «con la ventaja de que lo tengo al lado de casa». Manuel Fernández Golpe echa mano del mismo establecimiento para secar la ropa de su familia, porque su vivienda está en obras y no tiene donde secarla. Considera que el precio es razonable en el caso de las secadoras -dos euros-, mientras que el de las lavadoras -de cuatro a seis euros- le parece un poco caro. A su modo de ver, tendrían que instalar un televisor para la espera.

Una tele

Antonio López acudió ayer por primera vez a la lavandería de la calle Nueva de Caranza. Estaba lavando y secando un edredón, «porque la última vez que lo hice en casa estropeé la puerta de la lavadora». A su modo de ver, se trata de un negocio excelente, porque no ocupa mucho espacio, funciona sin personal y la única inversión son las máquinas. No obstante, este usuario también echa en falta un televisor para entretener la espera.

Carmen Varela suele acudir a la lavandería de Caranza con las prendas voluminosas. «Vivo encima y los veinte minutos del lavado los aprovecho para subir a casa. Es un servicio extraordinario», señala. Otro tanto piensa Iván Bustabad, que utiliza el mismo centro de lavado para la ropa de cama. Esta lavandería dispone de una zona específica para los niños que acompañan a sus padres y tiene sintonizada la radio para amenizar la espera.

Calle San Amaro. Lupe Souto utiliza la lavandería más próxima a su vivienda para lavar mantas y edredones, que no le caben en la lavadora de su casa. Está encantada con el nuevo servicio. foto Ángel manso.

Calle Nueva. Los usuarios de estos negocios señalan que con la secadora se llevan a casa la ropa prácticamente lista. Durante la espera, aprovechan para leer o escuchar la radio.

Caranza. Iván Bustabad está encantado con la lavandería autoservicio para la ropa de cama. El local dispone de una zona específica para los niños que acompañan a los padres.