Chanteiro, entre la devoción y las empanadas

Cientos de vecinos de Ares y Mugardos asistieron un año más a la tradicional romería del Voto de Chanteiro, que hermana a los dos municipios


Ares

Velas, rosquillas, vino del país, gaitas y mucha empanada... Como cada martes de Pentecostés, desde hace nada menos que seis siglos, los vecinos de Ares y de Mugardos volvieron ayer a Chanteiro para encomendarse a la Virgen de la Merced. Una romería con solera que se desdobla entre la playa y el entorno de la pequeña ermita.

Este último punto volvió a convertirse en un auténtico hervidero de gente. Desde primeras horas, aprovechando el festivo local de ambos municipios, fueron muchos los romeros que decidieron estrenar la «senda», todavía por terminar, que discurre pareja a la carretera que viene del centro urbano de Ares. Un recorrido que hicieron numerosas pandillas de jóvenes y no tan jóvenes.

El tiempo respetó -aunque hizo fresco, la lluvia no aguó la fiesta- y fueron muchos los jóvenes que se atrevieron a ponerse el bañador e incluso los que aprovecharon la jornada para inaugurar la temporada de baño.

Desde mediodía, y mientras lo fieles asistían a la eucaristía, y rezaban a la virgen, con cuya intercesión se vencieron las pestes que asolaban la comarca, otros se concentraban en lo lúdico, y tomaban posiciones de cara al ya tradicional reparto de empanada, iniciado tras el chupinazo.

Ocupando posiciones privilegiadas en una de las mesas del área recreativa creada por el Concello, está el grupo de María Balado, una vecina de Mugardos que repite junto a los suyos por tercer año consecutivo. «Venimos a la eucaristía, y luego, nos quedamos a la fiesta». Junto a ella, Manolo Romero, anota entre risas, otro argumento: «veño pola empanada, que está sempre boísima». Otro tanto sentencia Remedios García, una veterana de la romería que echa en falta que las familias ya no vengan cargadas con las meriendas como sucedía décadas atrás. Con todo, insiste en que quien vive el Voto de Chanteiro, repite.

Entre los nuevos, pandillas como la de Carlos que aprovechan que no hay clases para disfrutar en compañía de los amigos del otro epicentro de la fiesta, la playa cercana.

Apuntan desde la organización, liderada por los Concellos de Ares y Mugardos, que los cientos de visitantes dieron buena cuenta de 37 empanadas de cinco kilos, compradas por los concellos para la ocasión, además de 600 botellines de agua y vino.

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