Los trillizos de «Parda»

MAÑÓN

CÉSAR TOIMIL

Lo habitual es que las vacas traigan al mundo un ternero en cada parto; a veces, dos; tres es un caso rarísimo que ha ocurrido cerca de Estaca de Bares

15 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La vaca Parda, de Mañón, ha nacido para parir. Desde hace siete años, cuando alcanzó su edad madura, no hace otra cosa más que procrear y, además, lo hace a conciencia. Hace hoy una semana alumbró tres terneros, machos para más señas, dos pardos y uno rubio, como los describe el dueño de la casa, José Paraños, conocido en Mañón como Millán de Outeiro . Es éste un hombre afable, de 76 años, al que le gustan los animales y que está encantado con los trillizos, un fenómeno que «nunca se oeu» por los alrededores. Lo confirma el veterinario Ángel Piñón: «Es un caso muy, muy extraño». Lo normal, por si a alguien se le escapa el detalle, es que una vaca alumbre solo un ternero, dos como mucho. El miércoles a mediodía, los trillizos de esta historia descansaban en la cuadra mientras Parda engullía hierba en el campo. Millán reúne a la familia bovina para la foto. No resulta nada fácil. Los terneros, con una semana de vida, aprovechan los descuidos del hombre de la casa y de su hijo Orlando para dar brincos e intentar escapar. «Non se van non, están xogando á loca, pero xa veredes como se cansan de camiño». Cansados o no, los trillizos abandonan sus locas carreras para colgarse de las ubres. Muge la vaca Parda. No tiene leche suficiente para satisfacer el insaciable apetito de sus tres crías. A la madre «hai que darlle calcio» para que no desfallezca. A los terneros, leche en polvo para completar su alimentación. «Os pobres maman todo o día e tiven que comprar leite en polvo e darllo cun biberón», cuenta Millán. El ganadero posee seis vacas, que se dedican a lo mismo que Parda, a parir una vez al año, aunque ninguna ha logrado reunir semejante familia numerosa de golpe. Los terneros se crían en casa hasta que alcanzan los nueve o diez meses. A esa edad acaban en el matadero. Como los trillizos. Por extraordinaria que haya sido su llegada al mundo humano, nada los salvará de su destino. Después de todo, sus dueños viven de eso y del retiro. Orlando, el hijo de la casa, entra en escena para explicar cómo fue el parto múltiple. Fue con ayuda de sus manos, sin complicaciones y sin veterinarios.