La ciudad de los lápices


Cipriano García Sánchez y Jordi Solé Tura firmaron la pregunta en el Congreso de los Diputados sobre la «Crisis de las fábricas de lápices de la comarca de El Ferrol» (sic). Está recogida en el boletín oficial del Congreso del 15 de julio de 1980. En ella se expone la penosa situación de las fábricas de lápices Hispania -la del Muelle en aquel momento con 108 trabajadores-, e Ilasa -la de Canido, con 29-. Regulaciones de empleo, reducción de turnos de trabajo, aplazamiento en el pago de las cuotas a la Seguridad Social, dificultades para conseguir nuevos créditos y adeudamiento de nóminas a las plantillas, eran elementos comunes a las dos fábricas, ya claramente en decadencia. Hispania e Ilasa estaban en crisis y la comarca ferrolana, explicaban los diputados García Sánchez y Solé Tura, «se encuentra en una situación caótica a raíz de la caída en picado de la construcción naval, que originó en la comarca una racha de cierres de empresas… que afectaron a la construcción civil, comercio, reparación y venta de vehículos, hostelería, etcétera». Finalizaba el texto interrogando al gobierno de Adolfo Suárez acerca de su opinión sobre la crisis en la comarca de Ferrol, la situación concreta de las fábricas de lápices Hispania e Ilasa y sobre el incremento del paro en una comarca «sumamente castigada» por las crisis de los sectores naval y pesquero.

Han pasado cuarenta años. España estrenaba Constitución (Solé Tura fue uno de sus redactores), la actividad parlamentaria comenzaba su andadura y la democracia alimentaba las ilusiones de los españoles. También comenzaba una nueva etapa en la que la economía se liberalizaría, se internacionalizarían los mercados y asomaba una competencia mucho más agresiva. Muchas empresas ferrolanas no supieron, no pudieron o no quisieron competir. Negociaron su cierre y liquidación, en una carrera desenfrenada cuyas consecuencias nos alcanzan hoy.

Ferrol fue la ciudad de los lápices. La única ciudad española que tuvo dos empresas trabajando al mismo tiempo, capaces de fabricar más de 200.000 lapiceros al día. Las marcas Hispania, Johann Sindel, Mercantil, Iberia, Competidor, Iris, Boy, Ilasa, decoraban los lápices de despacho, comerciales, técnicos, de dibujo, carpintero y aquellos lápices de colores que los niños llamaban pinturas. Lápices presentes en las dependencias de Marina, en los astilleros, colegios y comercios de toda la ciudad. Lápices que salían en camiones a toda España pero que no fueron capaces de subsistir ante los lapiceros alemanes ni los modernos bolígrafos BIC. Lápices que ahora reviven en forma de esculturas de dos metros de alto diseñadas por un grupo de artistas coordinados por Eduardo Hermida, el pintor de Canido.

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