El túnel que nadie se atreve a tocar

FERROL CIUDAD

JOSE PARDO

Carencias y abandono del paso subterráneo de la plaza de España más criticado

07 oct 2019 . Actualizado a las 09:53 h.

Bajo tierra y marcando la puerta de entrada al centro de Ferrol existe un espacio subterráneo en el que ya nadie se atreve a intervenir. Está tocado por la maldición de la plaza de España, de la que intentan alejarse sucesivamente gobierno tras gobierno, después de que la ciudad tuviese que sufrir los efectos de una herida urbanística abierta durante once años. Y que otorgó un nuevo significado a la palabra obras en Ferrol.

Para no evocar ese mal recuerdo, desde la conclusión de la superficie de la plaza de España, en diciembre de 2011, nada ha cambiado en ese entorno. Pero desde prácticamente un lustro antes, nada se movió tampoco bajo sus pies. El gran hueco del frustrado centro de ocio con piscina y spa sigue vacío, sin uso, y acumulando residuos, agua anegada y tiempo de abandono. Pero tampoco se han resuelto en todo este tiempo cuestiones más sencillas de fácil resolución.

El túnel de la plaza de España que conecta los barrios de Canido y Esteiro es objeto de crítica desde su nacimiento, por sus pronunciadas pendientes y la estrechez de sus carriles. Pero además, sus muros muestran la falta de atención a este espacio. Los dos grandes boquetes concebidos en su día como salidas de emergencia del centro deportivo de la plaza subterránea siguen ahí. Unas endebles planchas metálicas, vencidas y dobladas en algunos puntos, y una malla metálica, que dejan a la altura de la vista el interior oculto bajo la plaza de España. Y que no habría que poner demasiado empeño para franquear esta barrera, como ya ocurrió hace tiempo, cuando se detectó la presencia de okupas en el interior.

Este es el paisaje que se topan desde hace años a apenas unos centímetros de las ventanillas de los vehículos que transitan a diario por el túnel de la avenida de Vigo. Una cuestión estética, pero también de seguridad. Pese a ello, no se tomaron medidas en mandatos anteriores, más allá del cambio de las rejillas para evitar el ruido que provocaba el paso de los coches. El actual gobierno municipal reconoce que no existe proyecto alguno al respecto y que «no hay nada decidido» para mejorar, al menos, la imagen de un lugar que no mejoran ni la mortecina iluminación ni los grafitos. El deficiente pintado vial y la periódica aparición de baches e inundaciones cuando llueve completan el cuadro.

Pero tampoco figuran en la agenda municipal cuestiones de mayor calado. Semanas después de su apertura, en enero del 2017, el túnel ya tuvo que ser cerrado para corregir las grietas aparecidas y suavizar las pendientes, que provocaban que los vehículos tocasen con los bajos en el asfalto. Las grandes rampas de subida y bajada siguen ahí. Su inclinación es motivo de queja por parte de los usuarios. Pero también, el escaso margen de maniobra en un túnel de doble dirección, con un carril en cada sentido que no llega a los siete metros de ancho de calzada, con un arcén inexistente y apenas unos centímetros de bordillo. Pero además, continúa en cuestión su funcionalidad, por la falta de conexión con el otro túnel que discurre bajo la plaza, el que comunica con la carretera de Castilla.